El color con el que se mire…

Torre de Oña
Febrero 19, 2013

Ya os hemos hablado por estos lares del trascendental papel que juega la botella en la evolución del vino y también de la importancia enológica del tamaño del recipiente. Hoy queremos detenernos en otro aspecto relevante: su color. Y es que la luz formaría parte -junto al calor, la humedad, la presencia de olores, el movimiento, la posición, etc.- de ese hipotético listado de “enemigos” para la conservación idónea de nuestros vinos.

El vidrio empleado en las botellas se produce tras la solidificación de una mezcla formada por sílice (46%), arena (15%) y vidrio reciclado, que es sometida a temperaturas que superar los 1000º C. Los fabricantes emplean, además, ciertos aditivos -oxido de hierro, níquel, hierro, molibdeno, cromo, manganeso, plata, etc.- que sirven para colorearlo. Actualmente los colores más empleados para la fabricación de botellas son:

  • Negro topacio oscuro, usado en los vinos generosos y también en los vinos de nuestra bodega de Ribera del Duero Áster.
  • Ámbar, usado en cervecería y en ciertos vinos.
  • Hoja muerta, como el que empleamos para el albariño Lagar de Cervera.
  • Verde Oscuro, anti radiaciones ultravioletas, color muy empleado en vinos tintos, incluidos los de La Rioja Alta, S.A. y los de Torre de Oña.
  • Semiblanco, usado en brandys y licores, vinos blancos y rosados.
  • Blanco, incoloro, utilizado en vinos blancos y rosados.

Como decimos, el color del vidrio tiene gran importancia sobre el vino. La luz o, mejor dicho, la radiación ultravioleta que transmite, puede tener efectos negativos sobre su calidad como los envejecimientos prematuros o la llamada “enfermedad de la luz” que padecen especialmente los vinos blancos espumosos que,  merced una reacción de oxidación-reducción, pueden presentar olores defectuosos. Esta es la razón por la que, para el embotellado de los vinos, se utilizan colores que filtren estas radiaciones. El color que presenta mayor capacidad de filtración es el ámbar, después el verde oscuro anti-UV y, por último, los blancos o transparentes. 

En los oscuros botelleros de las bodegas, durante las labores de apile y desapile de los jaulones, la iluminación debe ser la mínima imprescindible para realizar este trabajo y las lámparas deben ser fluorescentes, recubiertas de material plástico y que emitan poco calor. Y si quieres montar en tu casa tu propio espacio-bodega para albergar tus “joyas enológicas” nuestra recomendación es clara: evita en lo posible la luz, empleando lámparas portátiles con filamento de carbón o luces frías indirectas.

 

 

 

 

 

 

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