Y en invierno, ¿qué?

Roberto Frías
Diciembre 19, 2016

Pues… muchas cosas ya que en la viña no hay descanso.  Es un ser vivo y, como tal, su ciclo biológico no para.  Quizás se ralentice, pero no para.

Desde tiempo inmemorial (para mí), cuando acaba la vendimia, siempre le he oído decir a mi padre, medio en broma medio en serio, aquello de ya tenemos otra vez todo sin hacer”.

 Y es que, es así.  Hace ya cerca de dos meses que acabó el trajín de la vendimia bendito trajín el de este año, por cierto y casi sin solución de continuidad hemos comenzado las labores del próximo ciclo vegetativo.  Digo casi porque antes hemos disfrutado de unos pocos días de vacaciones.  El “reposo del guerrero tras el fragor de la vendimia” que diría aquel.

Fotos 9 al 12 Diciembre 2013 015El descenso de las temperaturas, hasta llegar a helar en algún caso, el viento, la lluvia y hasta un poco de nieve han provocado que las hojas caigan y que las cepas queden desnudas en Rioja y en la Ribera del Duero.  En Rías Baixas, donde la influencia atlántica suaviza mucho el ambiente, la desnudez todavía no es completa y alguna hoja pende todavía de los sarmientos.

Desprovistas las vides de su vestimenta estival comienza el momento de la poda.  De invierno, ¡claro!.  Ya hemos comenzado a podar Tempranillo y Garnacha en Rioja.  En la Ribera nos gusta esperar un poco más y adentrarnos en el mes de enero ya que la climatología de la Meseta Castellana es muy rigurosa y con frecuencia las temperaturas se precipitan estrepitosamente por debajo de los cero grados.  Interesa, pues, que los sarmientos continúen perdiendo agua para que la que quede en ellos no llegue a congelarse y dañe las yemas.  En O Rosal, el Albariño también lo podaremos avanzado enero, cuando los sarmientos estén perfectamente agostados.  Allí no hace demasiado frío y el proceso ocurre con mayor lentitud.

Para mí, la poda de invierno es la labor más importante de cuantas llevamos a cabo en el viñedo a lo largo del ciclo y ello es debido a que según como la hagamos no sólo modulamos la cantidad y calidad de la cosecha en ciernes, si no que, además, nos jugamos la longevidad de las cepas.

La poda de la vid es una operación sumamente traumática que se realiza practicando cortes.   Muchos cortes.  Entre treinta y cuarenta mil por hectárea. No hay más remedio que hacerlos.  Y ante cada corte las plantas responden secando una proporción de madera próxima a la herida abierta, tanto más grande cuanto mayor sea ésta.  No hay cicatrización posible, sólo madera seca.

Está claro que practicada la poda de una forma reiteradamente agresiva, como suele ser lo habitual, por otro lado, la cantidad de madera seca generada es tan importante que puede provocar que la vida de las vides penda de un hilo que, con frecuencia, llega a romperse menoscabándose así el patrimonio más importante de toda bodega que se precie: el viñedo. Fotos 9 al 12 Diciembre 2013 007

En nuestro caso concreto, llevamos ya varios años educando a nuestros podadores y formándolos en un nuevo concepto de poda, el de la poda “suave o poco traumática” como yo lo suelo llamar.  “Potatura soffice” dicen en Italia.  El objetivo último es llegar a alcanzar todos los efectos positivos que se pretenden con la poda clásica pero, a la vez, dañando lo menos posible a las cepas porque queremos que se hagan muy viejas para que puedan pagarnos los favores otorgados con uva de muy alta calidad y durante muchos años.

Si las viñas muy viejas (no las envejecidas, que no es lo mismo) son las que mejores uvas suelen dar, parece claro que nuestro reto es favorecer y permitir esa longevidad.

La poda poco traumática tiene, a mi entender, un cierto parangón con la cirugía laparoscópica o mínimamente invasiva.  Si los cirujanos emplean nuevas técnicas en sus intervenciones quirúrgicas con el objeto de dañar (=cortar) lo menos posible a sus pacientes favoreciendo así su pronta recuperación por qué no extrapolar algo así al viñedo y a la poda.   Esta fue mi reflexión…

Un dicho muy extendido por gran parte de las zonas vitícolas españolas y que tiene un origen histórico fundamentado es el de “que el primer podador fue un burro”, entendiendo burro como animal de carga no otra cosa.  Desgraciadamente, el significado de este dicho se ha malinterpretado por aquellos que entienden que lo que realmente quiere decir es que para podar sirve cualquiera o que una viña la poda cualquiera aunque no tenga ninguna cualificación. ¡Cuánto daño hacen en los viñedos los que piensan así! Obran inconscientemente sin conocer cuáles son las consecuencias finales de su forma de proceder.

PodaSuelo tener el, digamos, defecto de visitar muchos viñedos de propietarios terceros para comprobar la calidad de los trabajos realizados en ellos y, la verdad, en cuestión de poda, salvo honrosas excepciones, se me cae el alma al suelo por los desmanes cometidos.  Sin lugar a dudas, en muchos casos, un burro de cuatro patas lo haría mejor.

Como yo no quiero que a nosotros nos pase lo mismo, paso la mayor parte de mi tiempo invernal podando al lado de nuestros podadores.  De esta manera corrijo fallos (“la cabra tira al monte”) y les enseño constantemente la forma correcta de proceder con ejemplos prácticos.

Si el movimiento se demuestra andando, la poda correcta se demuestra podando bien.  En ello estamos.

¡FELIZ NAVIDAD! y a quien le toque… ¡Buena poda!

 

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