Bendita agua

Torre de Oña
Mayo 3, 2012

Queremos hablaros nuevamente de uno de los factores que más influye en la calidad de los vinos. Nos referimos a la disponibilidad de agua de la vid, determinada por el régimen de lluvias de la zona en la que se ubica el cultivo. Seguro que, en más de una ocasión, habéis escuchado aquello de que la viña es un cultivo de secano, puediendo (sobre)vivir en condiciones de humedad baja.

La vid viene a necesitar una pluviometría que oscila de los 350 a los 600 litros anuales. Pero resulta imprescindible que esta cantidad de agua se reparta de una forma adecuada a lo largo del ciclo de la planta. Aquí podéis ver esas necesidades hídricas en función del estado vegetativo:

  • Desborre y brotación: 13%
  • Crecimiento vegetativo: 33%
  • Floración y cuajado: 14%
  • Desarrollo de las bayas: 10%
  • Envero: 17%
  • Maduración de las bayas: 13%

Como comprobaréis, durante la estación primaveral, es decir, en estos momentos, es necesaria la disponibilidad hídrica que favorezca el desarrollo vegetativo de la planta mientras que, en la floración, un exceso de agua resultaría perjudicial para la posterior fecundación y cuajado de las flores.

Ya a finales de agosto y en septiembre, durante la maduración de la uva, se requiere una mínima cantidad de agua, que permita un estado óptimo de las hojas para que así desarrollen su función clorofílica, es decir, una acumulación de azúcares en las bayas. Además un exceso de lluvias provoca el grave riesgo de aparición de mildiu y de moho en los racimos, ofreciendo vinos muy pobres en color y calidad.

Recientemente acabamos de sobrepasar un mes de abril que, meteorológicamente, se ha caracterizado por la lluvia. Pero, apesar de esas ‘aguas mil’ la cantidad caída no ha sido suficiente para paliar la durísima sequía que, por ejemplo, arrastra el viñedo riojano lo que, tal y como podéis leer en este interesante artículo, está provocando una brotación lenta y tardía del viñedo.

 

 

 

 

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