Maridando…con el diccionario

Torre de Oña
Mayo 27, 2014

Como buenos amantes del vino, además de ejercitar nuestro paladar, es importante que disfrutemos de un vocabulario gustativo suficientemente extenso y preciso para, de esta forma, expresar y compartir mejor nuestras sensaciones con la mayor exactitud posible. La lectura, el entrenamiento y la (sana) costumbre de compartir una copa con catadores que dominen este vocabulario servirá para que lleguemos a establecer una relación exacta entre la palabra y la sensación.

libro-y-vinoSi os parece, comenzamos por términos relacionados con la RIQUEZA del vino. Es lo que el catador denominará volumen, cuerpo. Es una sensación ‘táctil’. Así, encontramos adjetivos calificativos que corresponden a vinos tintos ligeros de cuerpo pero perfectamente equilibrados, bien proporcionados y, por lo tanto nos resultan armoniosos y agradables: ligeros, finos, suaves, tiernos, delicados, desvanecidos, aterciopelados, sedosos, etc.

La suavidad es una gran cualidad (hay quien dice que la mejor) de los vinos tintos. Es un término, en muchas ocasiones, mal comprendido. Decimos que un vino es suave si no molesta al paladar pero… la suavidad no se refiere exclusivamente a un índice poco elevado de taninos sino, también y sobre todo, a una débil acidez. Decir que un vino es suave no significa aseverar que sea vacío o descarnado. La suavidad no es sólo la falta de dureza sino, en positivo, el resultado de una buena armonía de constitución.  Un vino suave es elegante, distinguido, con finura y personalidad. En la gama de vinos ricos y armoniosamente elaborados, hablaremos de vinos redondos, que llenan la boca, amplios, plenos, maduros (en el sentido del gusto de la uva madura), completos, de cuerpo, untuosos, etc. Otros epítetos que aplicaremos a a los vinos bien constituidos son robustos, cubiertos, vigorosos, sólidos, poderosos, etc.

small_3005895172Seguimos. Lo hacemos con vocablos debidos a los ÁCIDOS FIJOS. La debilidad se debe siempre a un desequilibrio, a una acidez un poco fuerte que, sin embargo, no percibimos como tal. Decimos que un vino es vacío, anémico, delgado, descarnado, corto, breve, etc. como si las impresiones agradables fueran breves en la boca. El adjetivo seco, en el sentido de sequedad, de aridez, califica a un vino débil y que ha perdido su lozanía. También se dice de un vino un poco ácido que tiene mordiente, que es crudo, agresivo, basto.

Pasamos a los caracteres debidos al ÁCIDO ACÉTICO. Este ácido, componente de la acidez volátil, actúa aumentando nuestra sensación ácida y además, produce un sabor particularmente desagradable y agrio. Los vinos con acidez volátil elevada son débiles y secos. Advertimos este defecto al final de la degustación, notando como un sabor ardiente, acre.

¿Y qué ocurre con las sensaciones debidas a los COMPUESTOS FENÓLICOS? Las descubriremos en las sensaciones finales. Si el tanino se excede un poco respecto al equilibrio, el vino parece duro, recio. Un vino muy coloreado es espeso, cargado… y, los muy cargados de tanino, son ásperos, ‘rasposos’, bastosos, rugosos, etc. Son los que producen esa sensación de contracción de las mucosidades llamada astringencia.

¿Y si el gusto es AZUCARADO? Lo pastoso de un vino tinto es debido a una cierta preponderancia de las sustancias de gusto azucarado. Decimos que un vino está ‘glicerinado’, que tiene azúcar, no porque realmente tenga un elevado nivel de azúcares reductores, sino porque nos da esa impresión. Si el vino pastoso carece de acidez, de taninos, diremos que le falta frescura, relieve. Es pesado, viscoso, soso, sin finura ni elasticidad. El exceso de azúcar en un vino licoroso lo vuelve dulzón, empalagoso, meloso, etc.small__3653839577

Y para cerrar, hablamos de términos relacionados con el GRADO ALCOHÓLICO. Con bajos grados de alcohol, los vinos resultan pequeños, débiles o ligeros. Podrían ser agradables si fueses armoniosos, pero es muy difícil disfrutar de un buen equilibrio cuando el grado alcohólico es bajo. Un vino ‘pobre’ acusa una flojedad generalizada y una acidez baja en un vino poco alcohólico lo hace pareces insípido, soso, lavado o aguado.

Por el contrario, los vinos con mucho alcohol son ‘vinosos’, característica que no encontraremos en vinos por debajo de 11,5º ya que, el alcohol, proporciona nervio a un vino con acidez suficiente. Un vino rico en alcohol estará alcoholizado, es generoso, atractivo o espirituoso y, por último, un excesivo grado nos da vinos ardientes y que sólo saben a alcohol.

photo credit: Fast Forward Event Productions via photopin cc

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