VINOS CHATEAUX

Una madrugada aciaga

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
29/05/2017

Desde siete u ocho días antes, los hombres -y mujeres- del tiempo venían pronosticando temperaturas mínimas para los días 27 (Nuestra Señora de Montserrat) y 28 (San Prudencio) de abril de hasta -2 ºC en Rioja y -3 ºC en la Ribera del Duero.  Mirando el verdor de los pámpanos de las cepas y contando los racimos que ya eran bien visibles en Rioja, pensábamos todos y deseábamos… “¡Ojalá se equivoquen como hacían antes”!

 La Virgen nos libró el primer día.  Madrugué para viajar a Madrid y en ningún punto del trayecto la temperatura descendió por debajo de los 2 ºC.  Además, veía que las ramas de los árboles se movían zarandeadas por el viento, el mejor aliado del viticultor en noches de riesgo de heladas.  “Parece que vamos a librar”, iba pensando.  En cuanto se hizo de día llamé a Félix, nuestro capataz en Áster, para ver cómo había sido la noche por la Ribera.  “Por hoy, hemos librado”, me dijo con tímida satisfacción.

Foto de nuevacuatrouno.com

Pero San Prudencio fue implacable.  Cuando regresaba entre dos luces de Madrid, al pasar por Aranda de Duero el termómetro del coche marcaba ya tan sólo 1ºC, el cielo estaba completamente despejado y además había una total quietud en la atmósfera.  “Mal pinta ésto”, pensé, “pero bueno, Eolo es caprichoso y quizás le dé por soplar”.  Pero en esta ocasión no le dio por esas.

Toda la noche estuve aguzando el oído tratando de escuchar el sonido de un viento protector, pero por mucho que me esforzaba no oía nada.  Todo era calma.

En cuanto me levanté, bastante antes de lo habitual, escudriñé Internet para ver qué temperaturas habían registrado las estaciones climáticas más próximas a nuestros viñedos.  Tan sólo la de Ausejo, cercana a La Pedriza, marcaba valores positivos.  En las demás de Rioja (Rodezno, Cenicero, Haro, Labastida y Páganos) se veían valores negativos y en la de Áster, muy negativos.

Aún así, todavía  albergaba alguna esperanza: “¡Que no salga el sol, que no salga el sol!”.  Pero, en esta ocasión, Lorenzo tenía prisa por salir y parecía quererse levantar más rápido que lo habitual.  Y a medida que se levantaba, los pámpanos ennegrecían y doblaban la cabeza.  De camino a Haro, desde la carretera ya se vislumbraba el desastre, especialmente en cuanto crucé el río Najerilla.

Foto de martinezcarra.es

Llamé a todos nuestros capataces y poco a poco me fueron dando el parte de guerra:

-Pedro me decía: “En La Pedriza hemos librado”.

-Vicente comentaba: “En La Cuesta y en El Chaparral no veo nada helado. En Montecillo, algún pámpano salteado”.

-Richard apuntaba: “En algunos rodales de Los Cuartos ha pegado fuerte. En La Santa y en Las Laderas, poca cosa”.

-Calisto me escribía por whatsapp: “En las hondonadas de Torre de Oña ya hemos vendimiado”.

-Floren se resignaba: “En todas las parcelas de Rodezno y de Labastida se ve mucho helado pero pienso que en breve se verá mucho más”. Acertó en el pronóstico.

-Félix, más acostumbrado a estos bretes, me contaba con aplomo castellano: “Toda la Ribera está arrasada. No recuerdo nada igual”.  Obviamente, Áster corrió la misma suerte.

Foto de noticiasdelarioja.com

Al cabo de unas pocas horas, los viñedos más afectados estaban, como decía uno de mis abuelos, “como una boina” por lo negro de los pámpanos.

A día de hoy, casi un mes después, en muchos viñedos, especialmente los más jóvenes y pujantes, comienza a verse “algo de luz” aunque es un espejismo, ya que hay vegetación, pero muy poca uva.  Pero bueno, nos conformaremos si, finalmente, podemos contar con brotes de cierta calidad sobre los que podar en el próximo invierno.

Las viñas más viejas lo están pasando muy mal y algunas cepas no son capaces ni de retoñar.  Veremos qué les ocurre a estas joyas en peligro de extinción.

A partir de ahora y durante varios años no quedará otra que trabajar (y gastar) mucho para tratar de recuperar la arquitectura de las plantas y sus estructuras productivas.  La nueva uva que pueda surgir esta campaña, escasa, vendrá por añadidura.   Quizás sea lo que menos importe en estos momentos

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Cubierta vegetal en el viñedo

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
24/04/2017

¿Qué es eso de cubierta vegetal en el viñedo?, se preguntará más de uno. ¿Para qué sirve?, pensará algún otro.

Pues bien, vamos a tratar de aclarar un poco este asunto.

Cuando en el viñedo hablamos de ‘cubierta vegetal’ nos estamos refiriendo a un sistema de mantenimiento del suelo consistente en dejar que, sobre él, se desarrolle, de forma espontánea o sembrada, una vegetación herbácea que puede ocupar toda la superficie del terreno o parte de ella y, además, hacerlo de forma temporal o permanente.

Cubierta vegetal sembrada de cebada en Finca Mayorita I (Rodezno)

Es una alternativa radicalmente opuesta a la clásica del ‘laboreo’ con la que lo que se pretende es remover el terreno con distintos tipos de aperos para mantenerlo limpio de malas hierbas y que éstas no compitan con las vides en lo que se refiere a agua y nutrientes.

En España, desde tiempo inmemorial (ya el emperador Justiniano prohibió plantar viñedo en terrenos frescos y fértiles donde el trigo era capaz de rentar en condiciones) el viñedo se ha venido asentando mayoritariamente en suelos poco profundos, pobres y secos con lo que parece obvio que el laboreo se impusiera como sistema de mantenimiento de suelo. Si a duras penas las vides eran capaces de sobrevivir en condiciones tan extremas, ¿como iba el viticultor a tolerar que en sus viñedos creciera ni una humilde chiribita?.

Obviamente, entre los dos extremos definidos por una cubierta vegetal total y permanente que supone mantener vegetación en toda la superficie del suelo y a lo largo de todo el año y un laboreo intensivo en el que el suelo está total y permanentemente desnudo (no hay más vegetal viviente que las propias vides), existen alternativas intermedias que permiten adaptarse a numerosas condiciones ambientales, de suelo y de cultivo. Así, a modo de ejemplo, podemos tener:

  • Una cubierta temporal: Normalmente se mantiene durante Invierno y Primavera cuando el agua en el suelo no suele ser un factor limitante. El resto del tiempo se recurre al laboreo.
  • Un sistema mixto: Consistente en dejar crecer vegetación sólo en una parte del terreno manteniendo la restante “limpia” mediante laboreo. Lo normal, en este caso, es hacerlo por calles alternas, es decir, en una hierba y en la otra laboreo.

Cubierta vegetal espontánea en Finca La Cuesta (Cenicero)

Y como suele ocurrir en otros aspectos de la vida, ningún sistema es perfecto y cada uno de ellos tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes. “Depende”, que diría Ángel Suárez, nuestro enólogo gallego de Lagar de Cervera.

Por centrarnos un poco en el tema que nos ocupa que es el de las cubiertas vegetales, sus principales ventajas son:

  • Protege el suelo contra la erosión provocada por las escorrentías de las aguas de lluvia evitando arrastres de tierra y pérdidas de suelo. Esta es la razón por la que mantenemos con cubierta vegetal permanente nuestros viñedos de Rías Baixas (más de 2.000 mm de lluvia al año) y La Cuesta en La Rioja (plantación en ladera con fuerte pendiente).
  • Permite el tránsito de maquinaria y de personas en cualquier época del año y en cualquier circunstancia, incluso después de fuertes lluvias que dejarían intransitable un viñedo mantenido mediante laboreo tradicional. Ésta es la razón por la que mantenemos con cubierta vegetal temporal nuestro viñedo Las Cuevas (35 hectáreas) en Rodezno. Cuando llueve en abundancia lo usamos como “refugio” para no tener que interrumpir totalmente los trabajos en la zona.
  • En suelos fértiles y profundos donde el viñedo se desarrolla de forma extremadamente vigorosa, la competencia ejercida por la cubierta vegetal, que se “pelea” por el agua y por el nitrógeno con el viñedo, provoca que éste “baje los humos” y se desarrolle de forma más equilibrada. Esta es la razón por la que mantenemos una cubierta vegetal temporal a base de cebada en las hondonadas de nuestro viñedo Mayorita I en Briones.
  • Relacionado con el párrafo anterior, un desarrollo más equilibrado del viñedo inducirá la formación de racimos menos compactos y con bayas de menor tamaño que son factores, ambos, de calidad enológica. Además, en estas circunstancias, los racimos se desarrollarán en un microclima más favorable por estar rodeados de una vegetación no demasiado exuberante que permitirá una buena aireación y una correcta insolación. En esta tesitura el riesgo de podredumbre de la uva es mucho menor.

    Cubierta vegetal espontánea de Diplotaxis erucoides

  • Las especies vegetales que integran la cubierta vegetal sirven de refugio a numerosas especies de insectos y ácaros que depredarán sobre otras especies perjudiciales para el viñedo. Es, pues, una forma natural de mantener el equilibrio entre plagas y depredadores. En otras ocasiones, algunas plagas se asientan sobre la vegetación herbácea porque le resulta más apetecible que el propio viñedo quedando éste libre de sus ataques. Ejemplo de ésto es el de la araña amarilla que parece preferir parasitar sobre las malvas antes que sobre el viñedo.
  • Los viñedos mantenidos mediante cubiertas vegetales generan ecosistemas con mayor diversidad biológica que los mantenidos desnudos de vegetación herbácea. La consecuencia de ésto es clara: a mayor diversidad biológica, mayor capacidad tendrá el ecosistema para resistir frente a agresiones externas de cualquier tipo y nuestro viñedo será más sostenible.
  • Desde el punto de vista ambiental y paisajístico, la cubierta vegetal desarrollada sobre los viñedos aumenta la calidad de los mismos.

Cubierta vegetal espontánea en Lagar de Cervera

En cuanto a inconvenientes, pueden citarse varios, pero entre ellos, el más importante y el que impide que haya mayor superficie de viñedos mantenidos con cubiertas vegetales es el que se da, en ausencia de riego, en zonas con escasa pluviometría o con mal reparto de lluvias a lo largo del año. En estas circunstancias, la cubierta vegetal puede provocar una fuerte competencia por el agua e inducir un fuerte estrés hídrico en el viñedo que traiga consigo una producción de uva muy mermada tanto en cantidad como en calidad.

Y para ir terminado, comentaros que mi opinión personal es que, cuando se maneja una superficie de viñedo tan extensa como la nuestra, con parcelas ubicadas sobre distinto tipo de suelo y en condiciones climáticas y ambientales diversas, todo tiene cabida. Como en la paella (que me perdonen los valencianos). Lo importante es acertar con la decisión que se tome en cada situación.

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La conveniencia de tener un (buen) viñedo propio

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
2/03/2017

Hace ya unos cuantos años que, en todas las bodegas del Grupo, apostamos por la idea de llegar a ser capaces de autoabastecernos de uva. Para ello iniciamos un plan de ampliación de nuestra superficie de viñedo, adquiriendo parcelas en zonas proclives a la calidad y plantándolas de vides. Pero, como no siempre se acierta, por el camino se fueron quedando algunos viñedos que no respondieron a las expectativas que en su día depositamos en ellos. Así, Melchorón, Los Llanos, El Soto, El Sotillo, y San Ginés se descolgaron del pelotón y pasaron a otras manos, quizás, menos exigentes.

¿Es una opción acertada esta del viñedo propio? Pues estamos convencidos de que la respuesta es afirmativa. Quizás no a corto plazo, pero a medio y largo, sí.

Nuestra (mi) reflexión es la siguiente:

Por su calidad y prestigio, para la elaboración de nuestros vinos no necesitamos “uva”, necesitamos UNA UVA DETERMINADA con nombre propio. “A tal señor, tal honor” se suele decir. Pues, de igual manera… “A tal vino, tales uvas” o viceversa, que también serviría el dicho.

En ocasiones la Uva que necesitamos no abunda en el mercado de manera que, la forma de asegurarnos nuestro aprovisionamiento, es tratar de producírnosla en nuestros propios viñedos. Y digo tratar porque, aunque siempre lo intentamos (por nosotros y por la Casa que no quede), no siempre lo conseguimos. En ocasiones hay factores adversos que pueden conducir a que el trabajo, el gasto y la uva (cantidad y/o calidad) de todo un año se vayan al garete. Es un tremendo fracaso pero suele ocurrir.

El objetivo que nos planteamos es que, en nuestros viñedos, estas situaciones solo se den por factores que resulten totalmente incontrolables o azarosos ya que, si el resto de circunstancias somos capaces de gestionarlas con acierto, estaremos en mejores condiciones que el sector de producir uva, pero esa Uva con nombre propio que es la que necesitamos.

Si analizamos el asunto desde un punto de vista puramente económico, el negocio es, en ocasiones, escasamente rentable (vamos, que puede no ser ni negocio) ya que, con frecuencia, los costes de producción que soportamos superan a los precios de la uva en el mercado. 

Pero lo anterior ocurre cuando hablamos de una uva genérica, sin más. Cuando nos referimos a Uva, a esa con pedrigrí, a esa que, por su alta calidad, escasea y que, por consiguiente, se acaba convirtiendo en un bien escaso, codiciado y, por ende, económico, la cosa cambia y los costes de producción propios se llegan a asimilar a los precios de mercado resultando, así, más asumibles.

Este es el objetivo y el gran reto que nos hemos planteado al apostar por el autoabastecimiento de uva: ser capaces de producir un fruto que, en condiciones normales, se encuentre difícilmente en el mercado y que por sus características convierta a nuestra viticultura en una parte del negocio del vino notablemente rentable.

En ello andamos y, para ello, no se escatima en recursos.

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La filoxera del siglo XXI

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
8/03/2016

Esta es la expresión con la que Richard Smart (“The fliying vine Doctor”) y otros expertos se refieren a las enfermedades de madera de la vid que, sin excepción, están afectando con mayor o menor intensidad a todos los viñedos del mundo.

Foto de www.vinetur.com

Foto de www.vinetur.com

Tal expresión puede dar idea de la gravedad del problema. Como bien sabéis, a finales del siglo XIX, un pequeño insecto con nombre científico “Phyloxera vastratix” (filoxera = secador de hojas), de origen americano y parecido a un insignificante pulgón llegó a Europa como huésped en alguna planta que se importaba para formar parte de las colecciones de los jardines botánicos tan en boga entonces. En pocos años se extendió por amplias zonas del viñedo europeo provocando la muerte indiscriminada de cepas que, hasta entonces, tenían raíz europea. Muchos viticultores se arruinaron y no tuvieron otra alternativa que emigrar a América buscando un futuro menos incierto.

Por cierto, que como siempre ocurre, hubo oportunistas que desde el primer momento trataron de sacar rédito de la desgracia y desesperación ajenas. Así, un concejal gallego desarrolló una pócima mágica y, por supuesto, carísima, a base de agua, cal apagada, tabaco de infusión, sulfato de cobre y orina de varón (posteriormente el inventor aclaró que la de mujer también servía) que trató de vender como remedio infalible para combatir a la imparable filoxera.

Cuando yo estudiaba viticultura hace algo más de 20 años, los expertos en enfermedades de madera del viñedo nos hablaban exclusivamente de la yesca y de la eutipiosis causadas por “Stereum hirsutum” la primera y “Eutipa lata” la segunda. Hoy día se habla de otras tres enfermedades más (Pie Negro, Enfermedad de Petri y Brazo Muerto) y se citan más de cuarenta especies de hongos implicados en ellas. _DSC7505

Evidentemente, ante tal proliferación de agentes causantes resulta imposible encontrar un producto químico que sea eficaz para combatirlos a todos ellos. Los investigadores y las empresas productoras de productos fitosanitarios se afanan en encontrar un remedio que resulte efectivo pero no dan con él y, seguramente y por desgracia, tardarán en encontrarlo. Y, como ocurrió con la filoxera, también existen oportunistas que venden elixires mágicos contra estas enfermedades. Ellos mismos anuncian que son caros, pero lo justifican arguyendo que más caro es quedarte sin viñas… En fin, cada cual que haga lo que considere conveniente, pero rigor científico, muchas veces, poco.

Los viticultores claman por volver a poder utilizar el arsenito sódico y descargan sus iras contra los organismos competentes que prohibieron su uso hace unos años por ser tremendamente cancerígeno. Ya veis, serían capaces de anteponer la buena salud de sus cepas a la suya propia.

Ante esta tesitura, no queda otra que llevar a cabo medidas profilácticas que traten de evitar la entrada de los hongos al interior de las cepas. Para ello, los viveristas productores de plantas de vid se tienen que esmerar en producir material vegetal totalmente “limpio” y los viticultores tenemos que tratar de dejar pocas puertas abiertas a la infección. Y estas puertas son las heridas de poda. Cuanto más pequeñas y menos numerosas sean éstas, menor riesgo tenemos de infección. Pero el riesgo cero no existe.

En este sentido, en nuestra casa ya llevamos varios años formando a nuestros podadores en lo que denominamos “poda poco invasiva” y que sería algo equivalente a la laparoscopia en cirugía. En definitiva, tratamos de intervenir lo menos posible causando cuanto menos daño mejor.

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La Sierra de Cantabria y su efecto Foehn

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FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VINOS CHATEAUX
7/12/2015

Nuestros viñedos de Torre de Oña se localizan en las mismas faldas de la Sierra de Cantabria en su vertiente Sur, una humilde cordillera (humilde sólo por la discreta altitud de sus picos, con cumbres más elevadas que rondan los 1.400 m) que entra en la Denominación de Origen Calificada Rioja, por el Este, con el nombre Montes Obarenes, continúa por los Montes de Toloño y finaliza allí, en tierras Navarras, con el nombre de Sierra de Codes.

A pesar de su discreta altura, la Sierra de Cantabria ejerce una influencia de vital importancia sobre la climatología del viñedo situado en sus faldas ya que provoca un efecto “Foehn” a escala local.

FohnLos vientos del Norte, fríos y cargados de humedad tras acariciar el Mar Cantábrico y que tendrían efectos perjudiciales sobre el viñedo y la uva, chocan a barlovento con la Sierra de Cantabria que les obliga a ascender para salvar el obstáculo.  La ascensión hasta la cima de La Cruz del Castillo o La Peña del León unida al consiguiente descenso de la temperatura provoca la condensación de la humedad generando lluvia que se precipita sobre la vertiente Norte de la Sierra.

Alcanzadas las cumbres, el viento Norte, ya seco por haber descargado toda su humedad, desciende por la ladera Sur, a sotavento, calentándose a medida que pierde altura y recibe los rayos del sol desde el amanecer hasta el ocaso.

El clima cambia en muy poca distancia y éste cambio, a su vez, genera que la vegetación y los cultivos, en ambas vertientes de la Sierra de Cantabria, sean totalmente diferentes.  Así, al Norte de la Sierra encontraremos roble, patatas y remolacha, mientras que al Sur, encontraremos encinas, carrascas, viñedo e, incluso, madroños.

Todo lo anterior explica que nuestro viñedo de Torre de Oña, pese a la altura a la que se encuentra, sea tan temprano y la uva madure en plenitud: la Sierra de Cantabria lo abriga de los rigores del Norte incrementándose, además, este efecto por estar ubicado en una perfecta solana recibiendo rayos solares durante todo el día. C4 26 DEF

Me viene a la mente el año que estuve trabajando en los viñedos de Mendoza (Argentina).  Allí se producía un efecto Foehn similar al de la Sierra de Cantabria pero a una escala mucho mayor ya que lo provocaba la Cordillera de los Andes sobre los vientos húmedos que venían del Pacífico.

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Frailes y Mapas de Suelos

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
22/05/2014

Cuenta la bibliografía que los antiguos frailes benedictinos franceses decidían en qué pagos plantar sus viñedos en base a las impresiones extraídas tras catar la tierra de los mismos. ¡Sí¡ ¡Cataban la tierra!  Pensaban que, si las sensaciones gustativas y aromáticas del terreno eran satisfactorias, también lo serían la de los vinos obtenidos de cepas plantadas en el lugar.

Que yo sepa, nadie hasta la fecha ha sido capaz de demostrar una relación tan estrecha entre las características organolépticas del terreno y las de la uva y vinos producidos en él.  Es más, personalmente pienso que esa relación es inexistente, pero la actitud de los frailes benedictinos viene a reflejar la importancia que ellos otorgaban al factor suelo. Y no es de extrañar que fuera así porque no debe IMG_4013 aolvidarse que, de la conjunción de terreno (= lugar, suelo, pago, tierra), variedad, clima y saber hacer, surge el concepto de TERROIR O TERRUÑO sobre el que se asentaron, en sus inicios, las Denominaciones de Origen más prestigiosas.

Está claro que el suelo tiene una influencia determinante en la calidad de la uva producida y en la del vino obtenido a partir de ella, pero esa influencia es, en mi opinión, indirecta y se ejerce a través del grado de desarrollo vegetativo que el suelo confiere al viñedo. Sabido es que un suelo profundo, fértil, con gran capacidad de almacenamiento de agua y sin ningún factor limitante va a dar lugar a cepas muy vigorosas con un desarrollo vegetativo exacerbado y con un crecimiento de brotes que se prolongará hasta las proximidades de la vendimia o más allá.   Por regla general de estos terrenos surgirán producciones de baja calidad. Lo contrario ocurrirá, salvo que haya algún factor en contra, en suelos más superficiales y pobres. Lo ideal, como siembre, suele ser el equilibrio entre los extremos.

Mapa de Suelos de Torre de Oña

Mapa de Suelos de Torre de Oña

Con todo lo anterior quiero decir que el conocimiento del suelo resulta clave cara a la implantación de un viñedo y su manejo posterior.  Ello es debido a que las características de los suelos son muy variables incluso dentro de una misma parcela de viñedo por pequeña que sea.  Es un tremendo factor de variabilidad.  Suelos distintos requieren un manejo distinto y producen uva igualmente distinta.

Ante esta tesitura, resulta de gran utilidad la elaboración de mapas de suelos en todos los viñedos para tener una zonificación dentro de los mismos.  Ello servirá, entre otras cosas, para vendimiar y elaborar la uva producida en las diferentes zonas de forma separada puesto que darán lugar a vinos distintos.  Obrar de otra manera sería un error puesto que, dentro de una parcela de viñedo, podemos tener tantos viñedos como tipos de suelo se encuentren en ella.  La mezcla incontrolada de fruta de calidad diversa suele dar como resultado un producto mediocre.

Mapa de suelos de Áster (Ribera del Duero)

Mapa de suelos de Áster (Ribera del Duero)

Por último, comentaros que una noche, mientras vendimiaba una parcela de Merlot ubicada sobre un suelo tremendamente salino noté, con asombro, que el sabor de la uva era muy salado.  No fue imaginación mía ya que se la ofrecí a catar a mi compañero enólogo y también encontró en la uva el sabor de la sal.

¡A ver si los frailes benedictinos franceses estaban en lo cierto!…..

 

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“Del terruño y sus hijos”

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FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, PERSONAS, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
5/07/2011

En esta ocasión, cedemos  ‘La Voz de la Finca’ a Juan Fernández-Cuesta, periodista especializado del Diario ABC, que recientemente nos ha ofrecido así su particular visión del vino de terruño y de coupage con este artículo de opinión titulado “Del terruño y sus hijos”:

Coupage o terroir. Me solicitan que invierta unas palabras en expresar sus bondades y maldades (aunque de estas, pocas). Que invierta en escribir sobre la mezcla de distintas variedades de uva o la uva convertida en vino a partir de un determinado terruño. Mejor un terruño concreto, unas pocas hectáreas, un espacio singular.

 Coupage o terroir, llevado del francés al español, tiene su traducción literal y también una relativa. Incluso más: hasta reconvertir coupage en el vino hecho en bodega y terroir en el vino nacido del campo, de la conjunción de cielo y tierra.

 Si uno como yo considera (probablemente equivocado) que el mejor enólogo es aquel que se limita en bodega a cuidar sin interferir en el proceso de la conversión de las mejores uvas de la propiedad en un alimento llamado vino, mi apuesta es el terruño.

 Son definiciones llevadas al límite cuando se debe apostar entre el terruño y la bodega. Y sí, el enólogo debe manipular en ocasiones la elaboración cuando se trata de sacar de distintas variedades un rendimiento superior. Debe intervenir, incluso de forma artera, para obtener el mejor vino posible. Y fieles de esos vinos, por ejemplo, a partir de uvas de cabernet sauvignon, petit verdot y tempranillo, como una elaboración recién catada, habrá millones. Escribo de esa elaboración porque ya desde sus aromas en nariz las características y mejores cualidades de cada una de esas variedades aparecían de manera esplendorosa…

 ¿Entonces? Entonces llegó la crisis económica, que unida a la propia crisis de identidad de muchas bodegas (al menos en España) nos dan una nueva respuesta. Con las ventas nacionales por los suelos ¿es preferible hacer tres vinos distintos o uno sólo mezclando las tres variedades?

 Al fin, lo preferible siempre es el terruño como medio para obtener los mejores fines, y si entre estos fines es posible un “coupage”, adelante. Siempre adelante. Y siempre un enólogo como fiel guardián de un tesoro llamado terruño, y de sus hijos.

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El suelo, factor determinante

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FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, VINOS CHATEAUX
13/06/2011

El suelo constituye, sin duda, un elemento determinante para la obtención de unas uvas y de un vino de gran calidad. Así, son varios los factores que determinan las características de un óptimo suelo vitícola:

  • La profundidad, que condicionará el volumen de tierra colonizado por las raíces de la vid para llegar al agua y los nutrientes. En general, las uvas de mayor calidad proceden de suelos poco profundos y poco fértiles.
  • La textura, que determinará el desarrollo espacial de las raíces, órgano en cargado de absorber agua y nutrientes. Los tipos de suelos se determinan en función del porcentaje de gravas, limos y arenas.
  • Los elementos minerales, que forman parte de la fertilidad química: nitógeno, fósforo, potasio, magnesio, oligoelementos,…
  • La materia orgánica, constituida por restos de vegetales y animales que han vivido en el suelo y que, mediante descomposición, conforman el ‘humus’, al que hay que añadir la materia orgánica proveniente de abonos. la vid necesita contenidos de materia orgánica bajos para una producción de calidad.
  • El agua, necesario para el desarrollo y crecimiento de los órganos de la vid, desde que brota hasta el proceso de maduración de las bayas y que deben cubrirse con las reservas que tiene el suelo.
  • La salinidad, factor limitante para el desarrollo de la planta. Un exceso provoca su desecación.

Desde 2005, nuestra Finca esta siendo sometida periódicamente a análisis de suelos, foliares y por satélite para estudiar la composición y caracteres de sus tierras y el vigor de cada zona.  Esa combinación de datos científicos y de la experiencia acumulada desde que en 1995 adquirimos la bodega nos ha permitido, además de descubir parcelas de calidad realmente sorprendente, la clasificación de nuestros suelos y parcelas en tres tipos distintos, cada uno de ellos adecuado para un tipo de vino: Torre de Oña Reserva, Club de Cosecheros de Torre de Oña (Reserva) y Finca San Martín Crianza.

Así, las principales características de los suelos que destinamos a nuestros vinos Reservas son:

  • Laderas de erosión suave                                                   
  • Suelo limoso fino carbonítico
  • Alto contenido en carbonatos (40%)
  • Poca profundidad
  • Bajo contenido en materia orgánica
  • Poco fértiles
  • Baja producción y alta calidad vitícola

Y las características de los suelos que destinamos a nuestro Crianza Finca San Martín son: 

  • Hondonadas
  • Suelo arcilloso fino
  • Áreas deprimidas de fondo plano
  • Agua superficial
  • Años lluviosos: gran vigor
  • Años más secos: buena calidad para crianza

Cada año es diferente y, en función de las características de cada cosecha, fundamentalmente de la pluviometría, unas parcelas pueden compartarse mejor o peor de lo previsto, lo que cambiará, según establezca nuestro enólogo Julio Sáenz, su destino original.

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Terroir vs Coupage

Publicado en:
FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, VINOS CHATEAUX
1/06/2011

Son dos galicismos que definen diferentes estilos de elaborar vino. Por un lado, el COUPAGE, el ensamblaje de varios tipos de uva y vinos procedentes de diferentes viñedos y zonas y, por otro lado, el llamado vino de TERROIR, de terruño o de pago, un vino con una personalidad propia y muy especial, determinada por factores como el suelo, el clima o el tipo de uva que posee un viñedo concreto ubicado en una muy determinada área geográfica.

El concepto coupage define la práctica de mezclar vinos y uvas de la misma o diferente cosecha con el objetivo de complementar sus diferentes cualidades. La Rioja, tradicionalmente considerada como zona de vinos de coupages, exportó este modo de hacer desde los grandes Chateaux bordeleses tras la crisis de la filoxera con el fin de dotar al Tempranillo –uva de ciclo corto y muy temprano y con problemas de maduración en años especialmente desfavorables- de una mayor capacidad de envejecimiento y guarda. Así, por ejemplo, el Tempranillo de Rioja se mezclaba con la Garnacha de la zona de Rioja Baja, que le otorgaba alcohol y estructura necesarios para aguantar largos envejecimientos en barrica.

El empleo de este método en tierras riojanas se vio reforzado por la reconstrucción del viñedo durante el siglo XX, basada en la plantación aleatoria en una misma parcela de distintas variedades –por desconocimiento o como criterio para evitar un nuevo desastre en los viñedos- y, además, por la búsqueda de una mayor uniformidad que evitara el efecto cosecha, mezclando vinos de Tempranillo de diferentes localidades, parajes o viñedos. Este modelo de vinos de coupage es el que sigue nuestra bodega ‘madre’ La Rioja Alta, S.A. con vinos elaborados a base de mezclar diferentes tipos de uvas de distintas parcelas. Viña Ardanza es, por ejemplo, un coupage de Tempranillo con un 20% de Garnacha.

Frente al coupage ha surgido el concepto de terroir, extendido y explotado en los viñedos de la Borgoña y que fue adaptado muy pronto por importantes áreas vitivinícolas españolas.

Un buen ejemplo, quizás el mejor a nivel mundial, se encuentra en la Borgoña francesa, donde los suelos fueron inicialmente explotados, seguidos y estudiados por los monjes Cistercienses, determinando la existencia de unos mejores terroirs frente a otros, eligiendo las mejores vides y mejorando sus técnicas de elaboración.

Esta situación típica de terroir es evidente en nuestros viñedos de Torre de Oña y en nuestra bodega hermana Áster situada en la localidad burgalesa de Anguix, en la Ribera del Duero. La gran desventaja de este estilo elaborador es su dependencia del clima, que puede ocasionar la pérdida completa de una cosecha o de los vinos producidos, si no reflejan totalmente las particularidades de sus parcelas. Es el caso, por ejemplo, de las cosechas 2000 y 2003 en Torre de Oña en las que no elaboramos vino.

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