VENDIMIA

Entre el vaso y la espaldera

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
21/06/2018

La vid es un arbusto que se comporta como una enredadera.  En condiciones silvestres no forma un tronco diferenciado y no tiene capacidad para sostenerse por sí misma. Necesita algún tipo de soporte al cual amarrarse y por el cual poder trepar para conseguir que, en el sotobosque, sus hojas puedan llegar a captar la luz solar.  En este sentido, le ocurre algo parecido a la hiedra o a las lianas que empleaba Tarzán para desplazarse por la selva de árbol en árbol.

En alguna zona de Italia, todavía quedan resquicios de vides cultivadas que se plantaban al lado de árboles (olmos, arces, álamos y fresnos principalmente) para que éstos les sirvieran como tutor.  “Testuccio” se le denominaba a esta tipología de cultivo y constituyó el fundamento de la viticultura etrusca con vides de muchísimo desarrollo propia de zonas lluviosas y frescas. Obviamente, el cultivo de la vid en tales condiciones resultaría tremendamente costoso y las producciones obtenidas seguramente serían de calidad dudosa por el ambiente sombrío en el que se desarrollarían los frutos.

Con el fin de solventar estos problemas, a lo largo de miles de años de cultivo, el viticultor ha ido domesticando a la vid hasta conseguir darle un aspecto característico típico de cada zona vitícola que permitiera compatibilizar los hábitos de crecimiento de la planta con los requerimientos de un cultivo racional. Dicho de otra manera, la vid ya no es tanto una enredadera sino, más bien, un arbusto con un crecimiento dirigido y modulado y con un desarrollo vegetativo forzado a ocupar un espacio más o menos reducido.  De alguna manera, le “hemos cortado las alas” para someterla a nuestra voluntad. Y según como “le hayamos cortado las alas”, la vid adquiere una forma u otra y se conduce en uno u otro sistema. Dado el carácter tan maleable de esta especie, casi se puede decir que cada uno de nosotros podríamos diseñar un sistema de conducción y de formación del viñedo particular.  En principio, no habría más límites que los que nosotros quisiéramos respetar.

Comenzando por los sistemas de conducción más simples, en primer lugar estaría el conocido como “Vaso” en España, “Gobelet” en Francia, “Alberello” en Italia o “Arbolito” en Argentina y Chile.  Es un sistema en el que las plantas no se apoyan sobre ningún tipo de soporte artificial, a lo sumo, un pequeño tutor al que amarrar el tronco.  La forma de la planta la va modulando el viticultor a medida que, año a año, la va podando.  El resultado final es una estructura con aspecto de candelabro más o menos compleja, que permite que las plantas se desarrollen en las tres dimensiones del espacio. Los vasos son sistemas de formación que se adaptan bien a suelos poco fértiles, donde la planta no presenta un desarrollo vegetativo desmesurado, y apropiado para variedades tipo Tempranillo que se adaptan a podas cortas (pulgares). 

Pero no toda la viticultura mundial se asienta sobre suelos poco fértiles ni todas las variedades tienen unos hábitos vegetativos y productivos similares a los del Tempranillo.  Se hacen necesarios, pues, otros sistemas de conducción y poda que se adapten a otros requerimientos y aquí, la cosa comienza a complicarse desde un “Doble Cordón Royat” en el que a las plantas se les obliga a adquirir una forma artificial en T y en el que todos sus brotes quedan situados dentro de un plano vertical limitado por tantos postes y alambres como se considere necesario hasta un complejo “Parral” típico de Rias Baixas y perfectamente adaptado a los caprichos del Albariño.

Y como ocurre con otros aspectos de la viticultura y de la vida misma, no hay un sistema de conducción que sea mejor que otro.  Depende de las circunstancias (suelo, clima y variedad) de cada zona y de los objetivos productivos y enológicos que se persigan.  Lo importante es elegir bien y más aún, acertar en la elección.

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Silvosa, misión posible

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CICLO DE LA VID, ENOTURISMO, I+D, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
23/05/2018

Hace casi quince años Ángel Suárez, nuestro enólogo de Lagar de Cervera, inició lo que, por aquel entonces, se antojaba una misión imPOSIBLE: comprar pequeñas parcelas de terreno (“matos”) en O Rosal (Pontevedra) hasta llegar a agruparlas formando una magnífica finca de casi 24 hectáreas de superficie a la que hemos denominado Silvosa.  Hasta ahí, quizás pudiera parecer algo no excesivamente relevante si no fuera porque para llegar a esa cifra hemos tenido que adquirir alrededor de 800 “matos”, evidencia de que el minifundio en Galicia existe.

Haciendo una simple división podemos deducir que la superficie media de los “matos” resulta 300 m2 aunque lo cierto  es que, en algunos casos, no alcanzan los 50. Ha habido que hacer un rastreo intenso e intensivo ya que, en ocasiones, los dueños eran desconocidos, en otros casos, vivían en el extranjero y en otras ocasiones los pequeños terrenos pertenecían a varios propietarios de los que alguno de ellos no quería venderlos.  En fin, una odisea.

Por si fuera poco, antes de comenzar a preparar el terreno para la plantación, hubo que llevar a cabo un minucioso estudio arqueológico en la zona porque había indicios -así estaba documentado-  que por allí anduvieron los romanos buscando oro en un pequeño riachuelo.  Algún resto de aquella época apareció en las prospecciones, pero la sorpresa inesperada llegó cuando en uno de los sondeos efectuados para la investigación aparecieron vestigios de un viñedo medieval.  Quedaba claro que alguien, antes que nosotros, ya había detectado la idoneidad del lugar para el cultivo de la vid.  Como no podía ser de otra manera, el enclave ha quedado protegido y sin alterar y, además, lo acondicionaremos para uso y disfrute de los visitantes.

Pero todo llega y, ahora, acabamos de finalizar la plantación. Serán 13 hectáreas de viñedo de Albariño con una densidad de plantación superior a la habitual en la D.O. Rías Baixas porque pretendemos mantener las producciones de uva por hectárea pero reduciendo la producción unitaria por planta y, así, poder optar a una mayor calidad.  El sistema de conducción será en espaldera porque trataremos de mecanizar algunas labores que el clásico parral no permite.  Pero será una espaldera compleja -un híbrido entre Sylvoz y Combi- que permitirá desarrollar una gran superficie de hojas expuestas al sol y, con ello, garantizar una perfecta maduración de la uva.

Optamos, también, por la espaldera porque está demostrado que la aplicación de productos fitosanitarios se puede optimizar evitando pérdidas innecesarias por deriva al aire.  Con ello contribuiremos al mantenimiento de un ambiente más sano y a la producción de una uva más saludable.

Y como la sostenibilidad y el mantenimiento de los recursos naturales es una de nuestras mayores inquietudes, dotaremos al viñedo de una moderna instalación de fertirrigación que nos permitirá aportar agua y nutrientes de forma localizada y a la carta evitando cualquier riesgo de contaminación del suelo o de las guas.

En este mismo sentido de conservación, hemos estudiado con detenimiento la topografía de la zona y hemos creado vías de evacuación de aguas de lluvia por lugares estratégicos y hemos sembrado toda la superficie del terreno con avena con el objeto de reducir al máximo las pérdidas de suelo por erosión.

 

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Una incursión en la viticultura ecológica

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, I+D, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
26/03/2018

Reconozco que, desde que empecé a dedicarme a la viticultura de forma profesional hace 21 años hasta hoy, he ido evolucionando en mi forma de entender las cosas. En ocasiones, incluso he llegado a arrepentirme de alguna decisión que tomé en el pasado y que, en su momento, me parecía razonada y hasta razonable. Me importaba muchísimo el viñedo en sí pero no tanto lo que le rodeaba: entorno, paisaje, ambiente, cursos de agua, árboles, fauna y flora autóctona, suelo, topografía, setos, ribazos, edificaciones antiguas, etc.

Hoy en día me importa y me preocupa todo muchísimo porque considero que el viñedo debe considerarse como un verdadero ecosistema y no como un conjunto de vides inconexo.

Diría yo que, de alguna manera, he virado hacia lo “verde” hasta tal punto que los criterios de sostenibilidad, la conservación del patrimonio natural y la obtención de una uva sana y saludable constituyen gran parte de mis principales preocupaciones.

Hace ya unos cuantos años, casi todos los que nos dedicábamos a actividades agrícolas nos comportábamos un poco como depredadores no tolerando la presencia ni de vegetales ni de animales que pudieran suponer el más mínimo peligro para nuestras vides y nuestras uvas o que pudieran ocasionarles algún tipo de competencia por pequeña que fuera. En los viñedos sólo se veían cepas y nos gustaba tenerlos totalmente limpios y desprovistos de vegetación espontánea. Para ello, el laboreo era continuado y la aplicación de herbicidas hasta desmesurada. En cuanto a plagas y enfermedades, eran totalmente proscritas y en cuanto se detectaba su presencia, por ligera que fuera, cargábamos la artillería (=fitosanitarios) y a por ellas. Queríamos tener todo impoluto y quien no lo tuviera no era considerado buen viticultor. Así era la viticultura INTENSIVA o convencional.

Poco a poco se fue avanzando y se dejó de lado la viticultura convencional para dar paso a una viticultura RAZONADA. Comenzó a hablarse, a partir de entonces, de los “umbrales de tratamiento”, es decir, se comparaba el coste económico de la aplicación de un producto fitosanitario con la pérdida de cosecha que pudiera ocasionarse caso de decidir no aplicarlo. Si la pérdida superaba al coste del producto y su aplicación, se aplicaba. En caso contrario no.

Pero en la comparativa de costes sólo se consideraban los de índole económica. No se tenían en cuenta otro tipo de costes como pudieran ser los medioambientales o los relativos a la salubridad de los productos obtenidos (uvas y vino) y a la del personal que trabajaba en los viñedos o del que andaba por las proximidades.

Se avanzó un poco más y surgió el concepto de viticultura INTEGRADA, es decir, el manejo del viñedo como un ecosistema integral. No están prohibidos los productos fitosanitarios pero se emplean con conocimiento de causa, por personal adiestrado, en dosis y momentos adecuados y cuando no exista otra alternativa posible más inocua. En este contexto, se consigue reducir muchísimo el consumo de fitosanitarios convencionales y su impacto negativo, pero se siguen utilizando. Cierto es que los que van quedando o los nuevos que se desarrollan son, cada vez, de perfil menos agresivo. Además, existen alternativas biotecnológicas para el control de ciertas plagas que permiten no tener que recurrir, por ejemplo, a insecticidas. A modo de ejemplo de estas alternativas que venimos empleando desde hace unos años podemos citar la confusión sexual para el control de la polilla del racimo en Rioja y de la cochinilla algodonosa en Rías Baixas y la suelta de insectos depredadores de otros insectos parásitos.

En este contexto de viticultura integrada, el mantenimiento del suelo con cubierta vegetal constituye una técnica ventajosa ya que permite aumentar la biodiversidad (vegetal y animal) dentro de los viñedos y conocido es que a mayor diversidad, menor es la sensibilidad de los ecosistemas a cualquier agresión externa. Pues bien, atendiendo a estas premisas, algo más del 30% de la superficie total de nuestros viñedos la mantenemos actualmente con cubierta vegetal, permanente o temporal.

Pero queremos avanzar un poco más y, para ello, este año manejaremos un par de parcelas siguiendo las pautas de la viticultura ECOLÓGICA. Hemos elegido para tal fin una parcela de 6 hectáreas en Rioja, concretamente en nuestro viñedo “La Pedriza” (Garnacha Tinta) y otra de 10 en Ribera del Duero en nuestro viñedo “Áster” (Tempranillo). Además de lo comentado en el caso de la viticultura integrada, pretendemos no emplear ningún producto fitosanitario de síntesis, ni herbicidas, ni acaricidas, ni fungicidas ni insecticidas. Recurriremos exclusivamente a cobre y azufre para el control de mildiu y oidio respectivamente y a extractos de hongos, algas y vegetales para otro tipo de patologías. Obviamente, caso de necesitar aplicar algún fertilizante, será de tipo orgánico.

Pretendemos aprender y ver cómo repercute en nuestros viñedos, uvas y vinos la no utilización de productos fitosanitarios convencionales.

Seguro que va en beneficio de todos.

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La cosecha que vino del hielo

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, PERSONAS, VENDIMIA
25/10/2017

Hace 21 días que terminamos la vendimia y, con gran parte de los depósitos descubados, es hora de hacer el primer balance de esta extraña campaña.

Ha pasado el tiempo, pero el acontecimiento que todos tenemos aún en la mente es la helada que arrasó miles de hectáreas de viñedo en la mitad norte de España, desde Galicia hasta La Rioja.  La onomástica de San Prudencio (28 de abril) será recordada como fatídica durante muchísimos años. Pues bien, esta helada, junto con la extenuante sequía, marcó el devenir de la presente añada.

Además de la pérdida de producción debida a que San Prudencio se empeñó en adelantar la vendimia más de cinco meses, la helada indujo una tremenda heterogeneidad en el desarrollo del viñedo.  Tan es así, que, en una misma planta podían coexistir racimos en floración con otros con los granos del tamaño de un guisante y, más adelante, racimos con una maduración muy avanzada junto a otros que comenzaban a enverar.  La incertidumbre era manifiesta y las decisiones que en cada momento había que adoptar en relación con el manejo difíciles de precisar ya que, afortunadamente, estas situaciones sólo ocurren muy esporádicamente y uno no está habituado a lidiar con ellas.  Y todo ello unido a un estado anímico de total desmoralización ante unas expectativas de producción extremadamente rácanas.

Con estos mimbres, hubo quien decidió arrojar la toalla y rendirse anticipadamente, cosa que, a priori, podía resultar entendible: mucho gasto para poca uva.

Otros se refugiaron en aquello de que “lo que mal empieza, mal acaba” y consideraron que no merecía la pena seguir peleando por esta cosecha y que lo mejor era darla por perdida y dejar pasar el tiempo a la espera de la siguiente.

En nuestra casa, sin embargo, decidimos coger el toro por los cuernos y optamos por seguir manejando nuestros viñedos como si nada les hubiera ocurrido.  Eso sí, había que hacer de tripas corazón para no caer en el desaliento ya que el trabajo desarrollado y el dinero gastado lucían poco. 

A día de hoy, la realidad demuestra que hemos acertado plenamente: hemos tenido un nivel de producción discreto pero razonable, nuestro viñedo ha recuperado muy bien la vegetación perdida, podremos efectuar una poda casi casi normal y, lo que es más importante, Julio, nuestro enólogo se muestra muy satisfecho con la calidad de los vinos obtenidos.

La clave de esa buena calidad hay que buscarla en las atenciones prestadas a nuestros viñedos durante toda la campaña (¡¡¡como si no se nos hubieran helado casi 300 hectáreas!!!) y en la bondad de la climatología de la última semana de agosto y de todo el mes de septiembre.

A finales de agosto cayeron sobre 50 mm de lluvia que permitió que la uva ganara algo de peso y que las vides se reactivaran ya que la persistente sequía las estaba extenuando.  Hasta entonces se vislumbraba en la uva bastante color y grado de alcohol probable elevado, pero los polifenoles de calidad no aparecían por ningún lado.  La uva tenía por fuera un intenso color negro pero por dentro estaba completamente verde.

Pero llegó septiembre y las temperaturas se suavizaron.  Dejó de llover -a la uva madura no le gusta el agua-, comenzó a arreciar el Cierzo, el termómetro descendió considerablemente durante la noche y el ambiente se tornó hostil para el desarrollo de la temida botrytis.  ¿Qué más podíamos pedir? El grado alcohólico se atemperó y la uva comenzó a acumular color, taninos nobles y aromas limpios e intensos que luego fueron pasando al vino.  En fin, una muy buena calidad.

Así, pues, visto el percal, ahora echamos la vista atrás y no nos arrepentimos en absoluto de las decisiones tomadas. Está visto que no siempre lo que mal empieza, acaba mal.

Y, para muestra, un botón.

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En la línea de salida…

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
7/09/2017

En Rioja ya comienza a “oler” a vendimia.  Desde el pasado mes de febrero ya comenzó a hacer algo más calor de lo habitual, pero fue en marzo y mayo cuando las temperaturas fueron ostensiblemente más altas de lo que pudiera considerarse como normal.  El ciclo vegetativo se aceleró y las vides comenzaron a “trabajar” a marchas forzadas llevándonos hasta la situación actual en la que el adelanto en el estado fenológico, en relación con el año pasado, oscila en nuestros viñedos entre dos y tres semanas.  Tan es así, que tenemos previsto iniciar la vendimia de Tempranillo el próximo lunes día 11 de septiembre en nuestro viñedo “Los Cuartos”.  Como comparativa, sirva decir que el año pasado comenzamos la vendimia en este mismo viñedo el día 29 del mismo mes. Finalizada vendimia en Los Cuartos continuaremos en Montecillo que, también, “está llamando a la puerta”.

A priori, si el tiempo lo permite, da la sensación de que va a ser una vendimia larga en el tiempo pero corta en cantidad.  Larga en el tiempo porque va a haber que esperar a que la uva surgida en los viñedos afectados por la helada del pasado 28 de abril madure en condiciones.  Corta en cantidad porque la fertilidad de nuestras plantas -número de racimos y tamaño de los mismos- es ostensiblemente inferior a la de la cosecha 2.016 y porque la recuperación de producción en los viñedos helados ha sido discreta.  Aun así, nuestras expectativas de producción han mejorado un poco tras los 50 mm de lluvia recogidos a lo largo de la semana pasada.

En cuanto a calidad, tras los análisis ya realizados y las catas de uva efectuadas, la cosa apunta bastante bien, pero falta ver cómo es el remate final de la maduración para lo cual va a resultar clave la meteorología.  En principio, los pronósticos parecen buenos ya que no se anuncian lluvias y las temperaturas van a ser suaves y moduladas por viento del Norte.

En Ribera, la situación es algo similar a la de Rioja pero con un adelanto sensiblemente mayor debido a que la producción de nuestro viñedo es muy baja consecuencia de  la helada del 28 de abril.  Mañana procederemos a hacer los primeros análisis de maduración y tendremos datos más concretos, pero, por lo que se ve…. en poco está.

 

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Un enclave singular, La Pedriza

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CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
26/07/2017

Cuando en enero de 2.013 me incorporé a La Rioja Alta, S.A. para hacerme cargo de la Dirección de Viticultura, lo primero que hice fue visitar todas y cada una de las parcelas de viñedo para hacerme cargo de su ubicación geográfica y extraer unas primeras y básicas impresiones de las mismas ya que, en invierno, con las cepas desprovistas de vegetación “se ve poco”.

Cuando le tocó el turno a “La Pedriza”, nuestra única plantación de viñedo en Rioja Baja, de Garnacha Tinta, por supuesto, en el pequeño pueblo de Tudelilla, hubo tres cosas que me llamaron la atención de forma inmediata.

Una de ellas saltaba a la vista.  En cuanto cruzamos un pequeño regato, el color del suelo y su composición cambió bruscamente y entendí, sin necesidad de explicación, por qué a aquel paraje se le llamaba así.  Me encontré ante un mar de cantos rodados que ocupaban totalmente la superficie del suelo como si hubieran sido colocados a propósito.  Apenas se veía tierra por ningún lado, sólo cantos y más cantos, de diversas formas, tamaños y colores.   “¿Cómo se habrá formado este suelo si por la zona no hay “piedras” de este estilo?”, pensé.

Los cantos rodados se originan al ser arrastrados por las crecidas de los ríos y golpearse continuamente unos contra otros y contra el lecho del propio río.  Pero por allí no pasa ninguno, tan sólo el humilde regato de Panizares, columna vertebral de La Pedriza, que sólo lleva agua cuando llueve con fuerza en la cercana Sierra de Carbonera.  No tiene entidad suficiente para tamaña obra.

Pregunté a un amigo geólogo y me contó que los cantos rodados habrían sido transportados, en tiempos geológicos pretéritos, por una red fluvial que nacía impetuosa en las estribaciones de la Sierra de Cameros (¡¡¡a más de 4 kilómetros de distancia!!!), de donde los arrancaba, hasta el entorno de La Pedriza donde los depositaba al perder velocidad formando un “glacis” o “piedemonte”. Pero no sólo hay cantos en la superficie.  Hemos hecho prospecciones llegando hasta los 20 metros de profundidad y la abundancia de ellos es una constante.

La segunda cosa que me llamó la atención era la vegetación y los cultivos de la zona: carrascas y tomillos en las laderas próximas no cultivadas y viñedo, cereal (poco) y almendros en las zonas de orografía más amable.  Estaba claro, pues, que nos encontrábamos en un ambiente típicamente mediterráneo en el que sólo eran capaces de subsistir las especies vegetales más resistentes a las altas temperaturas y a la escasez de lluvias. Vamos, el lugar idóneo para poner a prueba la rusticidad y la bravura de la Garnacha.

Hay quien ha osado plantar Tempranillo en La Pedriza, pero cuando el sol aprieta y las lluvias escasean, languidece, se mustia y se le hace el verano tremendamente largo poniendo en serios apuros la maduración de la uva. Sin embargo, la Garnacha aguanta con estoicismo y parece sentirse mucho más cómoda.  En algún verano rabiosamente seco he visto amarillear algunas hojas basales del poniente, pero aun así, ha sido capaz de tirar para adelante llevando la uva y su maduración a buen puerto.

Y por último, la tercera cosa que me llamó la atención en mi primera visita es que, a pesar de la gran extensión de nuestro viñedo, próxima a las 67 hectáreas, la nota más sobresaliente del mismo era su tremenda uniformidad.  Todas las cepas presentaban un aspecto y un vigor similar, lo que resulta un punto de partida clave para conseguir uva de calidad.

Hoy, pasados los cuatro años de mi primera visita, el “glacis” de La Pedriza y la imagen de nuestro viñedo me sigue impactando y me lleva a pensar que, desde luego, se trata de un enclave singular e irrepetible y que nuestras cepas de Garnacha están llamadas a ser una auténtica referencia. Es sólo cuestión de tiempo.

 

 

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Una madrugada aciaga

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
29/05/2017

Desde siete u ocho días antes, los hombres -y mujeres- del tiempo venían pronosticando temperaturas mínimas para los días 27 (Nuestra Señora de Montserrat) y 28 (San Prudencio) de abril de hasta -2 ºC en Rioja y -3 ºC en la Ribera del Duero.  Mirando el verdor de los pámpanos de las cepas y contando los racimos que ya eran bien visibles en Rioja, pensábamos todos y deseábamos… “¡Ojalá se equivoquen como hacían antes”!

 La Virgen nos libró el primer día.  Madrugué para viajar a Madrid y en ningún punto del trayecto la temperatura descendió por debajo de los 2 ºC.  Además, veía que las ramas de los árboles se movían zarandeadas por el viento, el mejor aliado del viticultor en noches de riesgo de heladas.  “Parece que vamos a librar”, iba pensando.  En cuanto se hizo de día llamé a Félix, nuestro capataz en Áster, para ver cómo había sido la noche por la Ribera.  “Por hoy, hemos librado”, me dijo con tímida satisfacción.

Foto de nuevacuatrouno.com

Pero San Prudencio fue implacable.  Cuando regresaba entre dos luces de Madrid, al pasar por Aranda de Duero el termómetro del coche marcaba ya tan sólo 1ºC, el cielo estaba completamente despejado y además había una total quietud en la atmósfera.  “Mal pinta ésto”, pensé, “pero bueno, Eolo es caprichoso y quizás le dé por soplar”.  Pero en esta ocasión no le dio por esas.

Toda la noche estuve aguzando el oído tratando de escuchar el sonido de un viento protector, pero por mucho que me esforzaba no oía nada.  Todo era calma.

En cuanto me levanté, bastante antes de lo habitual, escudriñé Internet para ver qué temperaturas habían registrado las estaciones climáticas más próximas a nuestros viñedos.  Tan sólo la de Ausejo, cercana a La Pedriza, marcaba valores positivos.  En las demás de Rioja (Rodezno, Cenicero, Haro, Labastida y Páganos) se veían valores negativos y en la de Áster, muy negativos.

Aún así, todavía  albergaba alguna esperanza: “¡Que no salga el sol, que no salga el sol!”.  Pero, en esta ocasión, Lorenzo tenía prisa por salir y parecía quererse levantar más rápido que lo habitual.  Y a medida que se levantaba, los pámpanos ennegrecían y doblaban la cabeza.  De camino a Haro, desde la carretera ya se vislumbraba el desastre, especialmente en cuanto crucé el río Najerilla.

Foto de martinezcarra.es

Llamé a todos nuestros capataces y poco a poco me fueron dando el parte de guerra:

-Pedro me decía: “En La Pedriza hemos librado”.

-Vicente comentaba: “En La Cuesta y en El Chaparral no veo nada helado. En Montecillo, algún pámpano salteado”.

-Richard apuntaba: “En algunos rodales de Los Cuartos ha pegado fuerte. En La Santa y en Las Laderas, poca cosa”.

-Calisto me escribía por whatsapp: “En las hondonadas de Torre de Oña ya hemos vendimiado”.

-Floren se resignaba: “En todas las parcelas de Rodezno y de Labastida se ve mucho helado pero pienso que en breve se verá mucho más”. Acertó en el pronóstico.

-Félix, más acostumbrado a estos bretes, me contaba con aplomo castellano: “Toda la Ribera está arrasada. No recuerdo nada igual”.  Obviamente, Áster corrió la misma suerte.

Foto de noticiasdelarioja.com

Al cabo de unas pocas horas, los viñedos más afectados estaban, como decía uno de mis abuelos, “como una boina” por lo negro de los pámpanos.

A día de hoy, casi un mes después, en muchos viñedos, especialmente los más jóvenes y pujantes, comienza a verse “algo de luz” aunque es un espejismo, ya que hay vegetación, pero muy poca uva.  Pero bueno, nos conformaremos si, finalmente, podemos contar con brotes de cierta calidad sobre los que podar en el próximo invierno.

Las viñas más viejas lo están pasando muy mal y algunas cepas no son capaces ni de retoñar.  Veremos qué les ocurre a estas joyas en peligro de extinción.

A partir de ahora y durante varios años no quedará otra que trabajar (y gastar) mucho para tratar de recuperar la arquitectura de las plantas y sus estructuras productivas.  La nueva uva que pueda surgir esta campaña, escasa, vendrá por añadidura.   Quizás sea lo que menos importe en estos momentos

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Cubierta vegetal en el viñedo

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
24/04/2017

¿Qué es eso de cubierta vegetal en el viñedo?, se preguntará más de uno. ¿Para qué sirve?, pensará algún otro.

Pues bien, vamos a tratar de aclarar un poco este asunto.

Cuando en el viñedo hablamos de ‘cubierta vegetal’ nos estamos refiriendo a un sistema de mantenimiento del suelo consistente en dejar que, sobre él, se desarrolle, de forma espontánea o sembrada, una vegetación herbácea que puede ocupar toda la superficie del terreno o parte de ella y, además, hacerlo de forma temporal o permanente.

Cubierta vegetal sembrada de cebada en Finca Mayorita I (Rodezno)

Es una alternativa radicalmente opuesta a la clásica del ‘laboreo’ con la que lo que se pretende es remover el terreno con distintos tipos de aperos para mantenerlo limpio de malas hierbas y que éstas no compitan con las vides en lo que se refiere a agua y nutrientes.

En España, desde tiempo inmemorial (ya el emperador Justiniano prohibió plantar viñedo en terrenos frescos y fértiles donde el trigo era capaz de rentar en condiciones) el viñedo se ha venido asentando mayoritariamente en suelos poco profundos, pobres y secos con lo que parece obvio que el laboreo se impusiera como sistema de mantenimiento de suelo. Si a duras penas las vides eran capaces de sobrevivir en condiciones tan extremas, ¿como iba el viticultor a tolerar que en sus viñedos creciera ni una humilde chiribita?.

Obviamente, entre los dos extremos definidos por una cubierta vegetal total y permanente que supone mantener vegetación en toda la superficie del suelo y a lo largo de todo el año y un laboreo intensivo en el que el suelo está total y permanentemente desnudo (no hay más vegetal viviente que las propias vides), existen alternativas intermedias que permiten adaptarse a numerosas condiciones ambientales, de suelo y de cultivo. Así, a modo de ejemplo, podemos tener:

  • Una cubierta temporal: Normalmente se mantiene durante Invierno y Primavera cuando el agua en el suelo no suele ser un factor limitante. El resto del tiempo se recurre al laboreo.
  • Un sistema mixto: Consistente en dejar crecer vegetación sólo en una parte del terreno manteniendo la restante “limpia” mediante laboreo. Lo normal, en este caso, es hacerlo por calles alternas, es decir, en una hierba y en la otra laboreo.

Cubierta vegetal espontánea en Finca La Cuesta (Cenicero)

Y como suele ocurrir en otros aspectos de la vida, ningún sistema es perfecto y cada uno de ellos tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes. “Depende”, que diría Ángel Suárez, nuestro enólogo gallego de Lagar de Cervera.

Por centrarnos un poco en el tema que nos ocupa que es el de las cubiertas vegetales, sus principales ventajas son:

  • Protege el suelo contra la erosión provocada por las escorrentías de las aguas de lluvia evitando arrastres de tierra y pérdidas de suelo. Esta es la razón por la que mantenemos con cubierta vegetal permanente nuestros viñedos de Rías Baixas (más de 2.000 mm de lluvia al año) y La Cuesta en La Rioja (plantación en ladera con fuerte pendiente).
  • Permite el tránsito de maquinaria y de personas en cualquier época del año y en cualquier circunstancia, incluso después de fuertes lluvias que dejarían intransitable un viñedo mantenido mediante laboreo tradicional. Ésta es la razón por la que mantenemos con cubierta vegetal temporal nuestro viñedo Las Cuevas (35 hectáreas) en Rodezno. Cuando llueve en abundancia lo usamos como “refugio” para no tener que interrumpir totalmente los trabajos en la zona.
  • En suelos fértiles y profundos donde el viñedo se desarrolla de forma extremadamente vigorosa, la competencia ejercida por la cubierta vegetal, que se “pelea” por el agua y por el nitrógeno con el viñedo, provoca que éste “baje los humos” y se desarrolle de forma más equilibrada. Esta es la razón por la que mantenemos una cubierta vegetal temporal a base de cebada en las hondonadas de nuestro viñedo Mayorita I en Briones.
  • Relacionado con el párrafo anterior, un desarrollo más equilibrado del viñedo inducirá la formación de racimos menos compactos y con bayas de menor tamaño que son factores, ambos, de calidad enológica. Además, en estas circunstancias, los racimos se desarrollarán en un microclima más favorable por estar rodeados de una vegetación no demasiado exuberante que permitirá una buena aireación y una correcta insolación. En esta tesitura el riesgo de podredumbre de la uva es mucho menor.

    Cubierta vegetal espontánea de Diplotaxis erucoides

  • Las especies vegetales que integran la cubierta vegetal sirven de refugio a numerosas especies de insectos y ácaros que depredarán sobre otras especies perjudiciales para el viñedo. Es, pues, una forma natural de mantener el equilibrio entre plagas y depredadores. En otras ocasiones, algunas plagas se asientan sobre la vegetación herbácea porque le resulta más apetecible que el propio viñedo quedando éste libre de sus ataques. Ejemplo de ésto es el de la araña amarilla que parece preferir parasitar sobre las malvas antes que sobre el viñedo.
  • Los viñedos mantenidos mediante cubiertas vegetales generan ecosistemas con mayor diversidad biológica que los mantenidos desnudos de vegetación herbácea. La consecuencia de ésto es clara: a mayor diversidad biológica, mayor capacidad tendrá el ecosistema para resistir frente a agresiones externas de cualquier tipo y nuestro viñedo será más sostenible.
  • Desde el punto de vista ambiental y paisajístico, la cubierta vegetal desarrollada sobre los viñedos aumenta la calidad de los mismos.

Cubierta vegetal espontánea en Lagar de Cervera

En cuanto a inconvenientes, pueden citarse varios, pero entre ellos, el más importante y el que impide que haya mayor superficie de viñedos mantenidos con cubiertas vegetales es el que se da, en ausencia de riego, en zonas con escasa pluviometría o con mal reparto de lluvias a lo largo del año. En estas circunstancias, la cubierta vegetal puede provocar una fuerte competencia por el agua e inducir un fuerte estrés hídrico en el viñedo que traiga consigo una producción de uva muy mermada tanto en cantidad como en calidad.

Y para ir terminado, comentaros que mi opinión personal es que, cuando se maneja una superficie de viñedo tan extensa como la nuestra, con parcelas ubicadas sobre distinto tipo de suelo y en condiciones climáticas y ambientales diversas, todo tiene cabida. Como en la paella (que me perdonen los valencianos). Lo importante es acertar con la decisión que se tome en cada situación.

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La conveniencia de tener un (buen) viñedo propio

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
2/03/2017

Hace ya unos cuantos años que, en todas las bodegas del Grupo, apostamos por la idea de llegar a ser capaces de autoabastecernos de uva. Para ello iniciamos un plan de ampliación de nuestra superficie de viñedo, adquiriendo parcelas en zonas proclives a la calidad y plantándolas de vides. Pero, como no siempre se acierta, por el camino se fueron quedando algunos viñedos que no respondieron a las expectativas que en su día depositamos en ellos. Así, Melchorón, Los Llanos, El Soto, El Sotillo, y San Ginés se descolgaron del pelotón y pasaron a otras manos, quizás, menos exigentes.

¿Es una opción acertada esta del viñedo propio? Pues estamos convencidos de que la respuesta es afirmativa. Quizás no a corto plazo, pero a medio y largo, sí.

Nuestra (mi) reflexión es la siguiente:

Por su calidad y prestigio, para la elaboración de nuestros vinos no necesitamos “uva”, necesitamos UNA UVA DETERMINADA con nombre propio. “A tal señor, tal honor” se suele decir. Pues, de igual manera… “A tal vino, tales uvas” o viceversa, que también serviría el dicho.

En ocasiones la Uva que necesitamos no abunda en el mercado de manera que, la forma de asegurarnos nuestro aprovisionamiento, es tratar de producírnosla en nuestros propios viñedos. Y digo tratar porque, aunque siempre lo intentamos (por nosotros y por la Casa que no quede), no siempre lo conseguimos. En ocasiones hay factores adversos que pueden conducir a que el trabajo, el gasto y la uva (cantidad y/o calidad) de todo un año se vayan al garete. Es un tremendo fracaso pero suele ocurrir.

El objetivo que nos planteamos es que, en nuestros viñedos, estas situaciones solo se den por factores que resulten totalmente incontrolables o azarosos ya que, si el resto de circunstancias somos capaces de gestionarlas con acierto, estaremos en mejores condiciones que el sector de producir uva, pero esa Uva con nombre propio que es la que necesitamos.

Si analizamos el asunto desde un punto de vista puramente económico, el negocio es, en ocasiones, escasamente rentable (vamos, que puede no ser ni negocio) ya que, con frecuencia, los costes de producción que soportamos superan a los precios de la uva en el mercado. 

Pero lo anterior ocurre cuando hablamos de una uva genérica, sin más. Cuando nos referimos a Uva, a esa con pedrigrí, a esa que, por su alta calidad, escasea y que, por consiguiente, se acaba convirtiendo en un bien escaso, codiciado y, por ende, económico, la cosa cambia y los costes de producción propios se llegan a asimilar a los precios de mercado resultando, así, más asumibles.

Este es el objetivo y el gran reto que nos hemos planteado al apostar por el autoabastecimiento de uva: ser capaces de producir un fruto que, en condiciones normales, se encuentre difícilmente en el mercado y que por sus características convierta a nuestra viticultura en una parte del negocio del vino notablemente rentable.

En ello andamos y, para ello, no se escatima en recursos.

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Misión cumplida

Publicado en:
CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA
31/10/2016

¡¡LA VENDIMIA HA TERMINADO!!! El pasado miércoles día 26 de Octubre, a eso de las 17:15 h, concluíamos la vendimia 2.016 cortando los últimos racimos de Tempranillo en nuestra finca La Dehesilla de Anguix (Áster).

Un poco larga ha sido pues la iniciamos el 19 de Septiembre (el Albariño es así de precoz), al alimón, en las parcelas Limeres de El Rosal y Viñadeiro de Cambados, ambas en las Rias Baixas.

Ha sido larga porque la climatología, tremendamente bonancible, nos lo ha permitido. Apenas ha llovido y hemos disfrutado de días soleados y noches muy frescas que nos han dejado obrar con tranquilidad, sin prisa.

IMG-20161014-WA0014Muchos días, a primera hora de la mañana, casi no se podían agarrar los racimos por lo fríos que estaban. Parecían salir de un frigorífico. ¡Que gozada!. De un día para el otro se apreciaba como la piel del Tempranillo y de la Garnacha se oscurecía más y más a la vez que su pulpa se tintaba de un tono granate intenso señal de que estábamos alcanzando en plenitud la ansiada madurez fenólica.

Hacía años que no disfrutaba tanto. ¡¡¡Y qué hablar de la sanidad!!!. Ni un solo atisbo de podredumbre, tan así, que hasta apetecía comerse la uva por lo apetecible.

A lo largo de 38 días hemos vendimiado alrededor de 620 ha de viñedo y todas ellas, como es norma de la casa, de forma totalmente manual ya que no queremos máquinas que destrocen la uva convirtiéndola en una masa amorfa. Nuestro objetivo es que los racimos lleguen hasta la bodega tal cual se encuentran en la cepa sin manipulación y con su personalidad.

Más de 300 personas han integrado los equipos de vendimia de Lagar de Cervera, Torre de Oña, La Rioja Alta y Áster y todas ellas han llevado grabadas a fuego las mismas consignas: recoger sólo los racimos perfectamente maduros y mimarlos al máximo para que no pierdan la tonalidad mate que les otorga la capa de pruina. Posteriormente vendrá el transporte en pequeñas cajas de 16 kg de capacidad hasta el interior de camiones frigoríficos situados a pie de finca, lo que asegurará que la uva llegue a bodega y sea encubada a una temperatura inferior a los 10 ºC. El frío endurece y la dureza garantiza integridad.

FB_IMG_1476807826334Pero ahí no acaba la cosa. Después, una máquina de alta precisión manipulará delicadamente los racimos hasta llegar al punto de escoger de ellos sólo los mejores granos que serán los únicos dedicados a la elaboración de nuestros vinos. El resto no nos sirve.

A día de hoy, las primeras uvas que recogimos ya se han convertido en vino y, por el semblante de Julio, nuestro enólogo, da la sensación de que la cosa promete. Parece que hay mucho color, buenos aromas y algo menos alcohol que el año pasado. En fin, mayor equilibrio.

Si es así, me daré por satisfecho y podré decir a todo mi equipo y a mí mismo aquello de ¡¡¡MISIÓN CUMPLIDA!!.

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