VENDIMIA

Un enclave singular, La Pedriza

Publicado en:
CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
26/07/2017

Cuando en enero de 2.013 me incorporé a La Rioja Alta, S.A. para hacerme cargo de la Dirección de Viticultura, lo primero que hice fue visitar todas y cada una de las parcelas de viñedo para hacerme cargo de su ubicación geográfica y extraer unas primeras y básicas impresiones de las mismas ya que, en invierno, con las cepas desprovistas de vegetación “se ve poco”.

Cuando le tocó el turno a “La Pedriza”, nuestra única plantación de viñedo en Rioja Baja, de Garnacha Tinta, por supuesto, en el pequeño pueblo de Tudelilla, hubo tres cosas que me llamaron la atención de forma inmediata.

Una de ellas saltaba a la vista.  En cuanto cruzamos un pequeño regato, el color del suelo y su composición cambió bruscamente y entendí, sin necesidad de explicación, por qué a aquel paraje se le llamaba así.  Me encontré ante un mar de cantos rodados que ocupaban totalmente la superficie del suelo como si hubieran sido colocados a propósito.  Apenas se veía tierra por ningún lado, sólo cantos y más cantos, de diversas formas, tamaños y colores.   “¿Cómo se habrá formado este suelo si por la zona no hay “piedras” de este estilo?”, pensé.

Los cantos rodados se originan al ser arrastrados por las crecidas de los ríos y golpearse continuamente unos contra otros y contra el lecho del propio río.  Pero por allí no pasa ninguno, tan sólo el humilde regato de Panizares, columna vertebral de La Pedriza, que sólo lleva agua cuando llueve con fuerza en la cercana Sierra de Carbonera.  No tiene entidad suficiente para tamaña obra.

Pregunté a un amigo geólogo y me contó que los cantos rodados habrían sido transportados, en tiempos geológicos pretéritos, por una red fluvial que nacía impetuosa en las estribaciones de la Sierra de Cameros (¡¡¡a más de 4 kilómetros de distancia!!!), de donde los arrancaba, hasta el entorno de La Pedriza donde los depositaba al perder velocidad formando un “glacis” o “piedemonte”. Pero no sólo hay cantos en la superficie.  Hemos hecho prospecciones llegando hasta los 20 metros de profundidad y la abundancia de ellos es una constante.

La segunda cosa que me llamó la atención era la vegetación y los cultivos de la zona: carrascas y tomillos en las laderas próximas no cultivadas y viñedo, cereal (poco) y almendros en las zonas de orografía más amable.  Estaba claro, pues, que nos encontrábamos en un ambiente típicamente mediterráneo en el que sólo eran capaces de subsistir las especies vegetales más resistentes a las altas temperaturas y a la escasez de lluvias. Vamos, el lugar idóneo para poner a prueba la rusticidad y la bravura de la Garnacha.

Hay quien ha osado plantar Tempranillo en La Pedriza, pero cuando el sol aprieta y las lluvias escasean, languidece, se mustia y se le hace el verano tremendamente largo poniendo en serios apuros la maduración de la uva. Sin embargo, la Garnacha aguanta con estoicismo y parece sentirse mucho más cómoda.  En algún verano rabiosamente seco he visto amarillear algunas hojas basales del poniente, pero aun así, ha sido capaz de tirar para adelante llevando la uva y su maduración a buen puerto.

Y por último, la tercera cosa que me llamó la atención en mi primera visita es que, a pesar de la gran extensión de nuestro viñedo, próxima a las 67 hectáreas, la nota más sobresaliente del mismo era su tremenda uniformidad.  Todas las cepas presentaban un aspecto y un vigor similar, lo que resulta un punto de partida clave para conseguir uva de calidad.

Hoy, pasados los cuatro años de mi primera visita, el “glacis” de La Pedriza y la imagen de nuestro viñedo me sigue impactando y me lleva a pensar que, desde luego, se trata de un enclave singular e irrepetible y que nuestras cepas de Garnacha están llamadas a ser una auténtica referencia. Es sólo cuestión de tiempo.

 

 

Continuar leyendo...

Una madrugada aciaga

Publicado en:
CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
29/05/2017

Desde siete u ocho días antes, los hombres -y mujeres- del tiempo venían pronosticando temperaturas mínimas para los días 27 (Nuestra Señora de Montserrat) y 28 (San Prudencio) de abril de hasta -2 ºC en Rioja y -3 ºC en la Ribera del Duero.  Mirando el verdor de los pámpanos de las cepas y contando los racimos que ya eran bien visibles en Rioja, pensábamos todos y deseábamos… “¡Ojalá se equivoquen como hacían antes”!

 La Virgen nos libró el primer día.  Madrugué para viajar a Madrid y en ningún punto del trayecto la temperatura descendió por debajo de los 2 ºC.  Además, veía que las ramas de los árboles se movían zarandeadas por el viento, el mejor aliado del viticultor en noches de riesgo de heladas.  “Parece que vamos a librar”, iba pensando.  En cuanto se hizo de día llamé a Félix, nuestro capataz en Áster, para ver cómo había sido la noche por la Ribera.  “Por hoy, hemos librado”, me dijo con tímida satisfacción.

Foto de nuevacuatrouno.com

Pero San Prudencio fue implacable.  Cuando regresaba entre dos luces de Madrid, al pasar por Aranda de Duero el termómetro del coche marcaba ya tan sólo 1ºC, el cielo estaba completamente despejado y además había una total quietud en la atmósfera.  “Mal pinta ésto”, pensé, “pero bueno, Eolo es caprichoso y quizás le dé por soplar”.  Pero en esta ocasión no le dio por esas.

Toda la noche estuve aguzando el oído tratando de escuchar el sonido de un viento protector, pero por mucho que me esforzaba no oía nada.  Todo era calma.

En cuanto me levanté, bastante antes de lo habitual, escudriñé Internet para ver qué temperaturas habían registrado las estaciones climáticas más próximas a nuestros viñedos.  Tan sólo la de Ausejo, cercana a La Pedriza, marcaba valores positivos.  En las demás de Rioja (Rodezno, Cenicero, Haro, Labastida y Páganos) se veían valores negativos y en la de Áster, muy negativos.

Aún así, todavía  albergaba alguna esperanza: “¡Que no salga el sol, que no salga el sol!”.  Pero, en esta ocasión, Lorenzo tenía prisa por salir y parecía quererse levantar más rápido que lo habitual.  Y a medida que se levantaba, los pámpanos ennegrecían y doblaban la cabeza.  De camino a Haro, desde la carretera ya se vislumbraba el desastre, especialmente en cuanto crucé el río Najerilla.

Foto de martinezcarra.es

Llamé a todos nuestros capataces y poco a poco me fueron dando el parte de guerra:

-Pedro me decía: “En La Pedriza hemos librado”.

-Vicente comentaba: “En La Cuesta y en El Chaparral no veo nada helado. En Montecillo, algún pámpano salteado”.

-Richard apuntaba: “En algunos rodales de Los Cuartos ha pegado fuerte. En La Santa y en Las Laderas, poca cosa”.

-Calisto me escribía por whatsapp: “En las hondonadas de Torre de Oña ya hemos vendimiado”.

-Floren se resignaba: “En todas las parcelas de Rodezno y de Labastida se ve mucho helado pero pienso que en breve se verá mucho más”. Acertó en el pronóstico.

-Félix, más acostumbrado a estos bretes, me contaba con aplomo castellano: “Toda la Ribera está arrasada. No recuerdo nada igual”.  Obviamente, Áster corrió la misma suerte.

Foto de noticiasdelarioja.com

Al cabo de unas pocas horas, los viñedos más afectados estaban, como decía uno de mis abuelos, “como una boina” por lo negro de los pámpanos.

A día de hoy, casi un mes después, en muchos viñedos, especialmente los más jóvenes y pujantes, comienza a verse “algo de luz” aunque es un espejismo, ya que hay vegetación, pero muy poca uva.  Pero bueno, nos conformaremos si, finalmente, podemos contar con brotes de cierta calidad sobre los que podar en el próximo invierno.

Las viñas más viejas lo están pasando muy mal y algunas cepas no son capaces ni de retoñar.  Veremos qué les ocurre a estas joyas en peligro de extinción.

A partir de ahora y durante varios años no quedará otra que trabajar (y gastar) mucho para tratar de recuperar la arquitectura de las plantas y sus estructuras productivas.  La nueva uva que pueda surgir esta campaña, escasa, vendrá por añadidura.   Quizás sea lo que menos importe en estos momentos

Continuar leyendo...

Cubierta vegetal en el viñedo

Publicado en:
CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
24/04/2017

¿Qué es eso de cubierta vegetal en el viñedo?, se preguntará más de uno. ¿Para qué sirve?, pensará algún otro.

Pues bien, vamos a tratar de aclarar un poco este asunto.

Cuando en el viñedo hablamos de ‘cubierta vegetal’ nos estamos refiriendo a un sistema de mantenimiento del suelo consistente en dejar que, sobre él, se desarrolle, de forma espontánea o sembrada, una vegetación herbácea que puede ocupar toda la superficie del terreno o parte de ella y, además, hacerlo de forma temporal o permanente.

Cubierta vegetal sembrada de cebada en Finca Mayorita I (Rodezno)

Es una alternativa radicalmente opuesta a la clásica del ‘laboreo’ con la que lo que se pretende es remover el terreno con distintos tipos de aperos para mantenerlo limpio de malas hierbas y que éstas no compitan con las vides en lo que se refiere a agua y nutrientes.

En España, desde tiempo inmemorial (ya el emperador Justiniano prohibió plantar viñedo en terrenos frescos y fértiles donde el trigo era capaz de rentar en condiciones) el viñedo se ha venido asentando mayoritariamente en suelos poco profundos, pobres y secos con lo que parece obvio que el laboreo se impusiera como sistema de mantenimiento de suelo. Si a duras penas las vides eran capaces de sobrevivir en condiciones tan extremas, ¿como iba el viticultor a tolerar que en sus viñedos creciera ni una humilde chiribita?.

Obviamente, entre los dos extremos definidos por una cubierta vegetal total y permanente que supone mantener vegetación en toda la superficie del suelo y a lo largo de todo el año y un laboreo intensivo en el que el suelo está total y permanentemente desnudo (no hay más vegetal viviente que las propias vides), existen alternativas intermedias que permiten adaptarse a numerosas condiciones ambientales, de suelo y de cultivo. Así, a modo de ejemplo, podemos tener:

  • Una cubierta temporal: Normalmente se mantiene durante Invierno y Primavera cuando el agua en el suelo no suele ser un factor limitante. El resto del tiempo se recurre al laboreo.
  • Un sistema mixto: Consistente en dejar crecer vegetación sólo en una parte del terreno manteniendo la restante “limpia” mediante laboreo. Lo normal, en este caso, es hacerlo por calles alternas, es decir, en una hierba y en la otra laboreo.

Cubierta vegetal espontánea en Finca La Cuesta (Cenicero)

Y como suele ocurrir en otros aspectos de la vida, ningún sistema es perfecto y cada uno de ellos tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes. “Depende”, que diría Ángel Suárez, nuestro enólogo gallego de Lagar de Cervera.

Por centrarnos un poco en el tema que nos ocupa que es el de las cubiertas vegetales, sus principales ventajas son:

  • Protege el suelo contra la erosión provocada por las escorrentías de las aguas de lluvia evitando arrastres de tierra y pérdidas de suelo. Esta es la razón por la que mantenemos con cubierta vegetal permanente nuestros viñedos de Rías Baixas (más de 2.000 mm de lluvia al año) y La Cuesta en La Rioja (plantación en ladera con fuerte pendiente).
  • Permite el tránsito de maquinaria y de personas en cualquier época del año y en cualquier circunstancia, incluso después de fuertes lluvias que dejarían intransitable un viñedo mantenido mediante laboreo tradicional. Ésta es la razón por la que mantenemos con cubierta vegetal temporal nuestro viñedo Las Cuevas (35 hectáreas) en Rodezno. Cuando llueve en abundancia lo usamos como “refugio” para no tener que interrumpir totalmente los trabajos en la zona.
  • En suelos fértiles y profundos donde el viñedo se desarrolla de forma extremadamente vigorosa, la competencia ejercida por la cubierta vegetal, que se “pelea” por el agua y por el nitrógeno con el viñedo, provoca que éste “baje los humos” y se desarrolle de forma más equilibrada. Esta es la razón por la que mantenemos una cubierta vegetal temporal a base de cebada en las hondonadas de nuestro viñedo Mayorita I en Briones.
  • Relacionado con el párrafo anterior, un desarrollo más equilibrado del viñedo inducirá la formación de racimos menos compactos y con bayas de menor tamaño que son factores, ambos, de calidad enológica. Además, en estas circunstancias, los racimos se desarrollarán en un microclima más favorable por estar rodeados de una vegetación no demasiado exuberante que permitirá una buena aireación y una correcta insolación. En esta tesitura el riesgo de podredumbre de la uva es mucho menor.

    Cubierta vegetal espontánea de Diplotaxis erucoides

  • Las especies vegetales que integran la cubierta vegetal sirven de refugio a numerosas especies de insectos y ácaros que depredarán sobre otras especies perjudiciales para el viñedo. Es, pues, una forma natural de mantener el equilibrio entre plagas y depredadores. En otras ocasiones, algunas plagas se asientan sobre la vegetación herbácea porque le resulta más apetecible que el propio viñedo quedando éste libre de sus ataques. Ejemplo de ésto es el de la araña amarilla que parece preferir parasitar sobre las malvas antes que sobre el viñedo.
  • Los viñedos mantenidos mediante cubiertas vegetales generan ecosistemas con mayor diversidad biológica que los mantenidos desnudos de vegetación herbácea. La consecuencia de ésto es clara: a mayor diversidad biológica, mayor capacidad tendrá el ecosistema para resistir frente a agresiones externas de cualquier tipo y nuestro viñedo será más sostenible.
  • Desde el punto de vista ambiental y paisajístico, la cubierta vegetal desarrollada sobre los viñedos aumenta la calidad de los mismos.

Cubierta vegetal espontánea en Lagar de Cervera

En cuanto a inconvenientes, pueden citarse varios, pero entre ellos, el más importante y el que impide que haya mayor superficie de viñedos mantenidos con cubiertas vegetales es el que se da, en ausencia de riego, en zonas con escasa pluviometría o con mal reparto de lluvias a lo largo del año. En estas circunstancias, la cubierta vegetal puede provocar una fuerte competencia por el agua e inducir un fuerte estrés hídrico en el viñedo que traiga consigo una producción de uva muy mermada tanto en cantidad como en calidad.

Y para ir terminado, comentaros que mi opinión personal es que, cuando se maneja una superficie de viñedo tan extensa como la nuestra, con parcelas ubicadas sobre distinto tipo de suelo y en condiciones climáticas y ambientales diversas, todo tiene cabida. Como en la paella (que me perdonen los valencianos). Lo importante es acertar con la decisión que se tome en cada situación.

Continuar leyendo...

La conveniencia de tener un (buen) viñedo propio

Publicado en:
CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
2/03/2017

Hace ya unos cuantos años que, en todas las bodegas del Grupo, apostamos por la idea de llegar a ser capaces de autoabastecernos de uva. Para ello iniciamos un plan de ampliación de nuestra superficie de viñedo, adquiriendo parcelas en zonas proclives a la calidad y plantándolas de vides. Pero, como no siempre se acierta, por el camino se fueron quedando algunos viñedos que no respondieron a las expectativas que en su día depositamos en ellos. Así, Melchorón, Los Llanos, El Soto, El Sotillo, y San Ginés se descolgaron del pelotón y pasaron a otras manos, quizás, menos exigentes.

¿Es una opción acertada esta del viñedo propio? Pues estamos convencidos de que la respuesta es afirmativa. Quizás no a corto plazo, pero a medio y largo, sí.

Nuestra (mi) reflexión es la siguiente:

Por su calidad y prestigio, para la elaboración de nuestros vinos no necesitamos “uva”, necesitamos UNA UVA DETERMINADA con nombre propio. “A tal señor, tal honor” se suele decir. Pues, de igual manera… “A tal vino, tales uvas” o viceversa, que también serviría el dicho.

En ocasiones la Uva que necesitamos no abunda en el mercado de manera que, la forma de asegurarnos nuestro aprovisionamiento, es tratar de producírnosla en nuestros propios viñedos. Y digo tratar porque, aunque siempre lo intentamos (por nosotros y por la Casa que no quede), no siempre lo conseguimos. En ocasiones hay factores adversos que pueden conducir a que el trabajo, el gasto y la uva (cantidad y/o calidad) de todo un año se vayan al garete. Es un tremendo fracaso pero suele ocurrir.

El objetivo que nos planteamos es que, en nuestros viñedos, estas situaciones solo se den por factores que resulten totalmente incontrolables o azarosos ya que, si el resto de circunstancias somos capaces de gestionarlas con acierto, estaremos en mejores condiciones que el sector de producir uva, pero esa Uva con nombre propio que es la que necesitamos.

Si analizamos el asunto desde un punto de vista puramente económico, el negocio es, en ocasiones, escasamente rentable (vamos, que puede no ser ni negocio) ya que, con frecuencia, los costes de producción que soportamos superan a los precios de la uva en el mercado. 

Pero lo anterior ocurre cuando hablamos de una uva genérica, sin más. Cuando nos referimos a Uva, a esa con pedrigrí, a esa que, por su alta calidad, escasea y que, por consiguiente, se acaba convirtiendo en un bien escaso, codiciado y, por ende, económico, la cosa cambia y los costes de producción propios se llegan a asimilar a los precios de mercado resultando, así, más asumibles.

Este es el objetivo y el gran reto que nos hemos planteado al apostar por el autoabastecimiento de uva: ser capaces de producir un fruto que, en condiciones normales, se encuentre difícilmente en el mercado y que por sus características convierta a nuestra viticultura en una parte del negocio del vino notablemente rentable.

En ello andamos y, para ello, no se escatima en recursos.

Continuar leyendo...

Misión cumplida

Publicado en:
CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA
31/10/2016

¡¡LA VENDIMIA HA TERMINADO!!! El pasado miércoles día 26 de Octubre, a eso de las 17:15 h, concluíamos la vendimia 2.016 cortando los últimos racimos de Tempranillo en nuestra finca La Dehesilla de Anguix (Áster).

Un poco larga ha sido pues la iniciamos el 19 de Septiembre (el Albariño es así de precoz), al alimón, en las parcelas Limeres de El Rosal y Viñadeiro de Cambados, ambas en las Rias Baixas.

Ha sido larga porque la climatología, tremendamente bonancible, nos lo ha permitido. Apenas ha llovido y hemos disfrutado de días soleados y noches muy frescas que nos han dejado obrar con tranquilidad, sin prisa.

IMG-20161014-WA0014Muchos días, a primera hora de la mañana, casi no se podían agarrar los racimos por lo fríos que estaban. Parecían salir de un frigorífico. ¡Que gozada!. De un día para el otro se apreciaba como la piel del Tempranillo y de la Garnacha se oscurecía más y más a la vez que su pulpa se tintaba de un tono granate intenso señal de que estábamos alcanzando en plenitud la ansiada madurez fenólica.

Hacía años que no disfrutaba tanto. ¡¡¡Y qué hablar de la sanidad!!!. Ni un solo atisbo de podredumbre, tan así, que hasta apetecía comerse la uva por lo apetecible.

A lo largo de 38 días hemos vendimiado alrededor de 620 ha de viñedo y todas ellas, como es norma de la casa, de forma totalmente manual ya que no queremos máquinas que destrocen la uva convirtiéndola en una masa amorfa. Nuestro objetivo es que los racimos lleguen hasta la bodega tal cual se encuentran en la cepa sin manipulación y con su personalidad.

Más de 300 personas han integrado los equipos de vendimia de Lagar de Cervera, Torre de Oña, La Rioja Alta y Áster y todas ellas han llevado grabadas a fuego las mismas consignas: recoger sólo los racimos perfectamente maduros y mimarlos al máximo para que no pierdan la tonalidad mate que les otorga la capa de pruina. Posteriormente vendrá el transporte en pequeñas cajas de 16 kg de capacidad hasta el interior de camiones frigoríficos situados a pie de finca, lo que asegurará que la uva llegue a bodega y sea encubada a una temperatura inferior a los 10 ºC. El frío endurece y la dureza garantiza integridad.

FB_IMG_1476807826334Pero ahí no acaba la cosa. Después, una máquina de alta precisión manipulará delicadamente los racimos hasta llegar al punto de escoger de ellos sólo los mejores granos que serán los únicos dedicados a la elaboración de nuestros vinos. El resto no nos sirve.

A día de hoy, las primeras uvas que recogimos ya se han convertido en vino y, por el semblante de Julio, nuestro enólogo, da la sensación de que la cosa promete. Parece que hay mucho color, buenos aromas y algo menos alcohol que el año pasado. En fin, mayor equilibrio.

Si es así, me daré por satisfecho y podré decir a todo mi equipo y a mí mismo aquello de ¡¡¡MISIÓN CUMPLIDA!!.

Continuar leyendo...

¡Qué verde es el agua!

Publicado en:
CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
15/09/2016

Es lo que suele decir Ricardo, el padre de mi amigo Ricardo, fruticultores artesanos de Calatorao en tierras mañas. Y… ¡Qué amarilla es la sequía!, se me ocurre decir a mí en contraposición.

Poco ha llovido este verano en las zonas en las que tenemos viña.  Incluso en Rías Baixas, donde suele llover con frecuencia y abundancia, la pluviometría se ha mostrado rácana.  Suerte que hemos podido regar. Pero no dejo de sorprenderme ya que, aún así, el viñedo, rústico por naturaleza, ha sido capaz de mantener el tipo y aguantar hasta el final.

robertoA principios de septiembre el aspecto era un poco lastimoso: hojas del poniente y del mediodía mustias y, las más bajas, amarillas como el color de la sequía. Por si fuera poco, a la escasez de agua se le unían unas temperaturas anormalmente altas (hasta 37 ºC registramos en las estaciones climáticas de nuestros viñedos) y unos intensos vientos de Sureste.  El Solano, como decimos en Rioja.  Peores condiciones para la planta y para la maduración de la uva, imposibles.

Ante estas condiciones tan estresantes la planta trata de adaptarse como puede y, entre otras cosas, lo que hace es “no trabajar” para ahorrar la escasa energía con la que cuenta.  Y si la planta no “trabaja” no genera azúcares y si no genera azúcares la uva madura lentamente y, a veces, mal.  O no madura. Y como de los azúcares derivan otras sustancias como ácidos, aromas y polifenoles, podemos adivinar las consecuencias….

Pero las condiciones han cambiado y pasamos ahora por una época con condiciones climáticas que todos firmaríamos en estos momentos en que la uva comienza a sazonar: sopla el Cierzo, las máximas diarias no superan los 22 ºC y las bajas descienden hasta los 9, aunque sería mejor que llegaran a 6 como ocurre en nuestro viñedo de Áster.  Si además cae un pequeño rocío o las hojas se mojan con cuatro gotas de lluvia, ¡Miel sobre hojuelas!. rober2

Yo, ahora que la uva ya está negra, no quiero que llueva sobre nuestros viñedos. Un ligero txirimiri es suficiente para pasar de pensar en ¡Qué amarilla es la sequía” a ¡Qué verde es el agua!, como dicen los Ricardos de Calatorao.

Continuar leyendo...

¿Riego en el viñedo de Galicia?

Publicado en:
CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, I+D, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
22/06/2016

Hacía tiempo que el enólogo de Lagar de Cervera, Ángel Suárez, venía insistiendo en lo beneficioso que sería para nuestro viñedo de O Rosal tener la posibilidad de regar. Desde hacía unos años ya venía experimentando con el riego en las parcelas de Tamuxe, Carballas y Pino con resultados prometedores ya que el aspecto general de las parcelas era mejor que el de las manejadas en secano, la uva maduraba mejor y la producción más uniforme.

Parecía una incongruencia querer regar el viñedo cuando en O Rosal fácilmente caen más de 2.000 mm de lluvia al año. Pero es que no es lo mismo llover mucho que llover bien. “¡Nunca llueve al gusto de todos!”, reza el refrán.

Cabezal Experimental de FertirriegoBAJALos suelos de nuestro viñedo son poco profundos y muy arenosos con lo que tienen poca capacidad para retener humedad. Si a ello se le une el hecho de que, en algunas ocasiones, en verano llueve poco, las plantas se resienten, dejan de crecer, comienzan a perder hojas, la maduración se ve comprometida y la productividad también.

Ante estas circunstancias, hace casi dos años que decidimos embarcarnos en un ambicioso proyecto de I+D+I cofinanciado por la Unión Europea y por el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial) con fondos FEDER.

De la mano de expertos investigadores del Departamento de Ingeniería Agroforestal de la Universidad de Santiago de Compostela planteamos un proyecto cuyos objetivos últimos eran establecer un método que nos permitiera “regar bien”, es decir, que nos ayudara a decidir de forma objetiva en qué momento aportar agua, qué cantidad aportar y cómo hacerlo. Y es que, como dice el Dr. Enrique García-Escudero, uno de los mejores profesores de viticultura que he tenido, la cosa no es tan sencilla ya que “regar no es lo mismo que echar agua”.

En un escenario en el que el agua es un bien cada vez más escaso no cabía ninguna duda en cuanto al método de riego. Necesariamente tenía que ser por goteo. Y ya que contábamos con una moderna instalación de riego por goteo, estaba claro que teníamos que utilizar el agua para transportar hasta las plantas los elementos nutritivos que estas necesitan con lo cual ya no sólo regamos, sino que FERTIRRIGAMOS.

De esta forma vamos suministrando los nutrientes ‘a la carta’, en pequeñas cantidades y localizándolos en las proximidades de las raíces de las vides. Evitamos así hacer aportes masivos en la superficie del terreno que suponen un claro riesgo de contaminación si son arrastrados por las copiosas lluvias que frecuentemente se suceden.

Es, pues, un claro ejemplo de sostenibilidad en el viñedo ya que con un mínimo empleo de agua y de fertilizantes conseguimos grandes resultados por aplicarlos de una forma altamente eficiente.

Hemos perforado pozos para abastecernos de agua, hemos instalado un moderno programador que nos permite regar por la noche cuando la energía es más barata y cuando no suele soplar el viento y nuestros compañeros de viaje, los investigadores de la Universidad de Santiago, sobrevuelan nuestro viñedo con drones, colocan sensores en el suelo y en las plantas y efectúan cientos de mediciones con la idea de dar con las claves: ¿cuándo fertirrigamos?, ¿cuánto fertirrigamos?.

En ello estamos. La campaña pasada no obtuvimos unos resultados tan espectaculares como esperábamos, pero este año parece que vamos por buen camino.

Continuar leyendo...

Entre San Marcos y San Pedro Regalado

Publicado en:
CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
12/05/2016

Recientemente han circulado por las redes sociales unas espectaculares fotografías de Aurèlien Ibanez tomadas en los viñedos de Chablis durante la noche del pasado 27 de abril.  En ellas se aprecian cientos de candelas que los viticultores borgoñones habían encendido dentro de sus viñedos para caldear el ambiente y así evitar que las temperaturas descendieran por debajo de 0 ºC y helaran los indefensos brotes.

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

Imágenes parecidas aparecían hace unos años en la película “Un paseo por las nubes” en la que una familia de viticultores californianos, ante el riesgo de una helada primaveral, se afanaban en encender hogueras entre las cepas a la vez que removían el aire con algo parecido a unas alas de ángel.  Pretendían mezclar el aire frío del ambiente con el calor emanado de las hogueras para tratar de mantener las temperaturas ligeramente por encima de la barrera de los 0 ºC.

Y es que estamos en la época de máximo riesgo de que se produzcan heladas.  Sobre todo en la Ribera del Duero.  En Rioja, casi casi la hemos dejado atrás, pero no hay que cantar victoria aún.  Cosas más raras se han visto.

Según la sabiduría popular, las onomásticas de San Marcos (25 de abril) y la de San Pedro Regalado (13 de mayo) suelen acotar este período de riesgo. Los viticultores antiguos, aquellos que vivían permanentemente mirando al cielo, lo tenían bien grabado en su memoria y, así, en Rioja solían decir aquello de “Marcos Marquete, vendimiador sin corquete”.  Querían, con esta expresión, reflejar la gravedad de una helada en estas fechas ya que, caso de producirse, el santo se llevaría las uvas sin apenas haber brotado.

De la misma manera, Félix, nuestro capataz en Áster, me dice, en los pueblos de la Ribera, desde siempre se le ha conocido a San Pedro Regalado como el Santo “más borracho”.  Ello es debido a que, cuando hiela por su onomástica, bebe más vino que nadie” porque al igual que San Marcos, es capaz de llevarse las uvas antes, incluso, de que se vean.

B 1607

A finales de abril, los días comienzan a alargar y el Sol sale de su letargo invernal caldeando con intensidad la superficie de la tierra y de la vegetación.  Por la noche, tierra y vegetación irradian a la atmósfera el calor acumulado durante el día enfriándose peligrosamente.  Si la temperatura llega a descender por debajo de 0 ºC, aunque sólo sean unas décimas, tendremos daños por helada en el viñedo ya que las yemas recién brotadas son extremadamente sensibles al frío.  Y con las yemas, se helarán las uvas que ya se encuentran en su interior.

Son los caprichos de estas noches de primavera que resultan verdaderamente temibles cuando el cielo queda raso (despejado y sin nubes), el viento está en calma y una oronda Luna Llena asoma morbosa para ver el luctuoso espectáculo.

Recuerdo una noche como esas en mayo del 2.004 en la que mi móvil sonó a eso de las 3 de la madrugada.  La llamada me la hacía un termómetro que tenía colocado en medio de un viñedo en plena ‘Milla de Oro’ de la Ribera y que estaba programado para que me avisara cuando la temperatura se aproximara a 1,5 ºC.  Sergio, uno de mis capataces entonces, y yo salimos para el viñedo para controlar la evolución de la temperatura.  Cuando ésta bajó a 0,5 ºC pusimos en marcha el equipo de bombeo que habíamos instalado en la orilla del Duero y comenzamos a regar el viñedo por microaspersión.  Enseguida el agua pulverizada comenzó a helarse sobre las vides formando una de las imágenes más bonitas que recuerdo.  Al amanecer, todo estaba recubierto por un casquete blanco impoluto.  Mantuvimos en marcha el riego hasta que la temperatura superó ligeramente los 0,5 ºC.  Ante tanta acumulación de hielo, nos quedaba la incertidumbre de si habríamos sido capaces de librar la cosecha de la sed de San Pedro Regalado.  Días más tarde salimos de dudas: el perito del seguro que vino a tasar los daños los cifró en el 10% frente al 80% de los viñedos colindantes.

Misión cumplida.  La noche que habíamos pasado en vela mereció la pena y la recuerdo como una de las más gratificantes de mi vida.

Continuar leyendo...

La filoxera del siglo XXI

Publicado en:
CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
8/03/2016

Esta es la expresión con la que Richard Smart (“The fliying vine Doctor”) y otros expertos se refieren a las enfermedades de madera de la vid que, sin excepción, están afectando con mayor o menor intensidad a todos los viñedos del mundo.

Foto de www.vinetur.com

Foto de www.vinetur.com

Tal expresión puede dar idea de la gravedad del problema. Como bien sabéis, a finales del siglo XIX, un pequeño insecto con nombre científico “Phyloxera vastratix” (filoxera = secador de hojas), de origen americano y parecido a un insignificante pulgón llegó a Europa como huésped en alguna planta que se importaba para formar parte de las colecciones de los jardines botánicos tan en boga entonces. En pocos años se extendió por amplias zonas del viñedo europeo provocando la muerte indiscriminada de cepas que, hasta entonces, tenían raíz europea. Muchos viticultores se arruinaron y no tuvieron otra alternativa que emigrar a América buscando un futuro menos incierto.

Por cierto, que como siempre ocurre, hubo oportunistas que desde el primer momento trataron de sacar rédito de la desgracia y desesperación ajenas. Así, un concejal gallego desarrolló una pócima mágica y, por supuesto, carísima, a base de agua, cal apagada, tabaco de infusión, sulfato de cobre y orina de varón (posteriormente el inventor aclaró que la de mujer también servía) que trató de vender como remedio infalible para combatir a la imparable filoxera.

Cuando yo estudiaba viticultura hace algo más de 20 años, los expertos en enfermedades de madera del viñedo nos hablaban exclusivamente de la yesca y de la eutipiosis causadas por “Stereum hirsutum” la primera y “Eutipa lata” la segunda. Hoy día se habla de otras tres enfermedades más (Pie Negro, Enfermedad de Petri y Brazo Muerto) y se citan más de cuarenta especies de hongos implicados en ellas. _DSC7505

Evidentemente, ante tal proliferación de agentes causantes resulta imposible encontrar un producto químico que sea eficaz para combatirlos a todos ellos. Los investigadores y las empresas productoras de productos fitosanitarios se afanan en encontrar un remedio que resulte efectivo pero no dan con él y, seguramente y por desgracia, tardarán en encontrarlo. Y, como ocurrió con la filoxera, también existen oportunistas que venden elixires mágicos contra estas enfermedades. Ellos mismos anuncian que son caros, pero lo justifican arguyendo que más caro es quedarte sin viñas… En fin, cada cual que haga lo que considere conveniente, pero rigor científico, muchas veces, poco.

Los viticultores claman por volver a poder utilizar el arsenito sódico y descargan sus iras contra los organismos competentes que prohibieron su uso hace unos años por ser tremendamente cancerígeno. Ya veis, serían capaces de anteponer la buena salud de sus cepas a la suya propia.

Ante esta tesitura, no queda otra que llevar a cabo medidas profilácticas que traten de evitar la entrada de los hongos al interior de las cepas. Para ello, los viveristas productores de plantas de vid se tienen que esmerar en producir material vegetal totalmente “limpio” y los viticultores tenemos que tratar de dejar pocas puertas abiertas a la infección. Y estas puertas son las heridas de poda. Cuanto más pequeñas y menos numerosas sean éstas, menor riesgo tenemos de infección. Pero el riesgo cero no existe.

En este sentido, en nuestra casa ya llevamos varios años formando a nuestros podadores en lo que denominamos “poda poco invasiva” y que sería algo equivalente a la laparoscopia en cirugía. En definitiva, tratamos de intervenir lo menos posible causando cuanto menos daño mejor.

Continuar leyendo...

Miles de variedades de vid

Publicado en:
CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
19/01/2016

Si nos pidieran que dijéramos el nombre de todas las variedades de vid que conocemos, ¿cuántas seríamos capaces de nombrar?  Diez, quince, veinte… Quizás, lo más avezados dirían alguna más, pero, seguramente, costaría pasar de la treintena. Pues bien, se habla de que pueden existir del orden de 10.000 variedades de vid repartidas por todas las zonas vitícolas del mundo de las que, en España, se podrían encontrar por encima de las 500, aunque cultivadas actualmente apenas se alcanza la cifra de 130, de las que 111 serían autóctonas y el resto foráneas.

Unos cuantos años antes del nacimiento de Cristo, el poeta latino Virgilio mencionaba que existían tantas variedades de uva como granos de arena en el mar. De lo anterior se deduce que, como en otros campos, en la viticultura se ha producido una simplificación en el elenco de variedades cultivadas con una pérdida ingente de diversidad genética, pérdida que, por otro lado, resulta irreparable y difícilmente cuantificable en términos económicos.

Búsqueda de mayor productividad, adecuación a los gustos de los consumidores, mayor facilidad de manejo, menor sensibilidad a plagas y enfermedades,… Son argumentos que se han esgrimido para justificar la sustitución de variedades minoritarias, autóctonas y, en ocasiones, endémicas por otras traídas de fuera, sin haberles dado la oportunidad, en la mayoría de los casos, a las primeras de demostrar su potencial enológico.

Me vienen a la memoria mis andanzas años atrás por la recóndita zona de los Arribes del Duero donde algunos viticultores me hablaban con afecto del “Bastardillo” y del “Bruñal”, variedades a punto de extinguirse y de las que sólo se encontraban algunas cepas aisladas entremezcladas en los viñedos con las mayoritarias “Rufete” y “Juan García”.  Algún bodeguero apasionado y romántico se propuso vinificar uvas en pureza obteniendo vinos con una concentración difícilmente alcanzable por el resto de variedades de la zona.

Algo similar ocurrió en Rioja con, por ejemplo, la “Maturana Tinta” rescatada de viñedos viejos en los que permanecía oculta entre las cepas de Tempranillo.  Tras unos años de investigación y experimentación fue admitida para su cultivo dentro de la D.O. Ca. Rioja ya que da lugar a vinos con una carga polifenólica difícilmente alcanzable por el Tempranillo mayoritario.

A nivel personal, mi abuelo paterno me contaba que cuando él decidía plantar un viñedo, elegía una variedad predominante pero siempre intercalaba, de forma aleatoria, cepas de otras 3 o 4 variedades diferentes porque le daban “alegría” al vino.  Ejemplo de ello es la viña de “La Pilastra”, plantada hace casi 51 años y que ya he mencionado en alguna ocasión anterior.  Si nos paseamos entre sus cepas encontramos mayoritariamente Viura (= Macabeo), pero si prestamos atención distinguiremos, también, Malvasía Riojana (= Rojal), Calagraño (= Jaino), Garnacha Blanca y alguna de cepa de otra variedad que todavía no he sido capaz de identificar.  Lo mismo ocurre en “La Trasera” donde, además de Tempranillo, veremos plantas aisladas de Graciano, Miguel de Arco y de una variedad, desconocida para mí, con la pulpa coloreada.

La mayor parte de estos viñedos viejos, que constituían un auténtico reservorio de diversidad genética vitícola, están desapareciendo “gracias” a las ayudas otorgadas por los organismos públicos para la reestructuración de viñedos.  ¡Qué error tan imperdonable!

Continuar leyendo...