La conveniencia de tener un (buen) viñedo propio

Roberto Frías
marzo 2, 2017

Hace ya unos cuantos años que, en todas las bodegas del Grupo, apostamos por la idea de llegar a ser capaces de autoabastecernos de uva. Para ello iniciamos un plan de ampliación de nuestra superficie de viñedo, adquiriendo parcelas en zonas proclives a la calidad y plantándolas de vides. Pero, como no siempre se acierta, por el camino se fueron quedando algunos viñedos que no respondieron a las expectativas que en su día depositamos en ellos. Así, Melchorón, Los Llanos, El Soto, El Sotillo, y San Ginés se descolgaron del pelotón y pasaron a otras manos, quizás, menos exigentes.

¿Es una opción acertada esta del viñedo propio? Pues estamos convencidos de que la respuesta es afirmativa. Quizás no a corto plazo, pero a medio y largo, sí.

Nuestra (mi) reflexión es la siguiente:

Por su calidad y prestigio, para la elaboración de nuestros vinos no necesitamos “uva”, necesitamos UNA UVA DETERMINADA con nombre propio. “A tal señor, tal honor” se suele decir. Pues, de igual manera… “A tal vino, tales uvas” o viceversa, que también serviría el dicho.

En ocasiones la Uva que necesitamos no abunda en el mercado de manera que, la forma de asegurarnos nuestro aprovisionamiento, es tratar de producírnosla en nuestros propios viñedos. Y digo tratar porque, aunque siempre lo intentamos (por nosotros y por la Casa que no quede), no siempre lo conseguimos. En ocasiones hay factores adversos que pueden conducir a que el trabajo, el gasto y la uva (cantidad y/o calidad) de todo un año se vayan al garete. Es un tremendo fracaso pero suele ocurrir.

El objetivo que nos planteamos es que, en nuestros viñedos, estas situaciones solo se den por factores que resulten totalmente incontrolables o azarosos ya que, si el resto de circunstancias somos capaces de gestionarlas con acierto, estaremos en mejores condiciones que el sector de producir uva, pero esa Uva con nombre propio que es la que necesitamos.

Si analizamos el asunto desde un punto de vista puramente económico, el negocio es, en ocasiones, escasamente rentable (vamos, que puede no ser ni negocio) ya que, con frecuencia, los costes de producción que soportamos superan a los precios de la uva en el mercado. 

Pero lo anterior ocurre cuando hablamos de una uva genérica, sin más. Cuando nos referimos a Uva, a esa con pedrigrí, a esa que, por su alta calidad, escasea y que, por consiguiente, se acaba convirtiendo en un bien escaso, codiciado y, por ende, económico, la cosa cambia y los costes de producción propios se llegan a asimilar a los precios de mercado resultando, así, más asumibles.

Este es el objetivo y el gran reto que nos hemos planteado al apostar por el autoabastecimiento de uva: ser capaces de producir un fruto que, en condiciones normales, se encuentre difícilmente en el mercado y que por sus características convierta a nuestra viticultura en una parte del negocio del vino notablemente rentable.

En ello andamos y, para ello, no se escatima en recursos.

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