Factor humano

Torre de Oña
Junio 21, 2012

Aquí va una gran pregunta. Una de esas que algunos denominan ‘las del millón’: ¿cuándo comenzamos los humanos a cultivar la vid?. Se considera que, en un principio, la planta formaba parte de la naturaleza, creciendo a su antojo, libremente y ‘descontrolada’ y que el hombre se limitaba a recolectar los frutos silvestres que ofrecía el paso del tiempo. La llegada, más o menos pacífica, de las civilizaciones mediterráneas supuso el inicio de su cultivo, del control de su desarrollo y, por tanto, la mejora significativa en la calidad de la uva.

Los fenicios, por ejemplo, pasaron de largo en las zonas costeras y, mediante ríos navegables, se adentraron en áreas interiores. Es el caso del Ródano, desde donde llegaron al centro y norte de Alemania y Francia o de los ríos Duero y Tajo, desde los que se adentraron en Lusitania (Portugal) llevando consigo cepas traídas desde otras partes del Mediterráneo. Y en La Rioja, ¿que?. Pues remontaron el Iberus (Río Ebro) desde la antigua Tarraco, llevando consigo vides importadas de otras regiones del mundo hasta villas como Calagurris (Calahorra) o Alfaro. Las posteriores legiones romanas en su avance por Hispania supusieron la colonización de las zonas riojanas más altas, estableciendo los conocimientos de la muy desarrollada viticultura del Imperio Romano.

Desde siempre, la vid ha sido cultivada en los terrenos más pobres, pedregosos e incluso marginales, adaptándose cada variedad tanto al clima como al terruño de cada zona. ¿O quizás han sido las propias variedades las que han ‘elegido’ la tierra más adecuada? Sea como fuere, toda vez que el hombre logra dar ese gran paso de conocer y dominar el cultivo, pasa a una siguiente fase: la de aplicar otras técnicas que le permiten labrar un producto de calidad y, además, obteniendo un mucho mejor rendimiento económico.

Así, el hombre (el factor humano del título de este post) adapta el cultivo de su viña a las peculiaridades de su zona mediante prácticas específicas como la poda, abonado,… El agricultor de la vid obtiene ‘título propio’: el de viticultor, la persona dedicada en exclusiva al cultivo de la vid y que se especializa con una mayor formación técnica: importa prácticas, adapta variedades, coloniza tierras, racionaliza cultivos…. En consecuencia, interviene en su medio natural para obtener vinos que expresen al máximo la personalidad del terruño del que proceden.

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  • MANUEL NARVAEZ LEON 09/06/2013

    muy buen aporte para los lectores excelente