CICLO DE LA VID

La cosecha que vino del hielo

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, PERSONAS, VENDIMIA
25/10/2017

Hace 21 días que terminamos la vendimia y, con gran parte de los depósitos descubados, es hora de hacer el primer balance de esta extraña campaña.

Ha pasado el tiempo, pero el acontecimiento que todos tenemos aún en la mente es la helada que arrasó miles de hectáreas de viñedo en la mitad norte de España, desde Galicia hasta La Rioja.  La onomástica de San Prudencio (28 de abril) será recordada como fatídica durante muchísimos años. Pues bien, esta helada, junto con la extenuante sequía, marcó el devenir de la presente añada.

Además de la pérdida de producción debida a que San Prudencio se empeñó en adelantar la vendimia más de cinco meses, la helada indujo una tremenda heterogeneidad en el desarrollo del viñedo.  Tan es así, que, en una misma planta podían coexistir racimos en floración con otros con los granos del tamaño de un guisante y, más adelante, racimos con una maduración muy avanzada junto a otros que comenzaban a enverar.  La incertidumbre era manifiesta y las decisiones que en cada momento había que adoptar en relación con el manejo difíciles de precisar ya que, afortunadamente, estas situaciones sólo ocurren muy esporádicamente y uno no está habituado a lidiar con ellas.  Y todo ello unido a un estado anímico de total desmoralización ante unas expectativas de producción extremadamente rácanas.

Con estos mimbres, hubo quien decidió arrojar la toalla y rendirse anticipadamente, cosa que, a priori, podía resultar entendible: mucho gasto para poca uva.

Otros se refugiaron en aquello de que “lo que mal empieza, mal acaba” y consideraron que no merecía la pena seguir peleando por esta cosecha y que lo mejor era darla por perdida y dejar pasar el tiempo a la espera de la siguiente.

En nuestra casa, sin embargo, decidimos coger el toro por los cuernos y optamos por seguir manejando nuestros viñedos como si nada les hubiera ocurrido.  Eso sí, había que hacer de tripas corazón para no caer en el desaliento ya que el trabajo desarrollado y el dinero gastado lucían poco. 

A día de hoy, la realidad demuestra que hemos acertado plenamente: hemos tenido un nivel de producción discreto pero razonable, nuestro viñedo ha recuperado muy bien la vegetación perdida, podremos efectuar una poda casi casi normal y, lo que es más importante, Julio, nuestro enólogo se muestra muy satisfecho con la calidad de los vinos obtenidos.

La clave de esa buena calidad hay que buscarla en las atenciones prestadas a nuestros viñedos durante toda la campaña (¡¡¡como si no se nos hubieran helado casi 300 hectáreas!!!) y en la bondad de la climatología de la última semana de agosto y de todo el mes de septiembre.

A finales de agosto cayeron sobre 50 mm de lluvia que permitió que la uva ganara algo de peso y que las vides se reactivaran ya que la persistente sequía las estaba extenuando.  Hasta entonces se vislumbraba en la uva bastante color y grado de alcohol probable elevado, pero los polifenoles de calidad no aparecían por ningún lado.  La uva tenía por fuera un intenso color negro pero por dentro estaba completamente verde.

Pero llegó septiembre y las temperaturas se suavizaron.  Dejó de llover -a la uva madura no le gusta el agua-, comenzó a arreciar el Cierzo, el termómetro descendió considerablemente durante la noche y el ambiente se tornó hostil para el desarrollo de la temida botrytis.  ¿Qué más podíamos pedir? El grado alcohólico se atemperó y la uva comenzó a acumular color, taninos nobles y aromas limpios e intensos que luego fueron pasando al vino.  En fin, una muy buena calidad.

Así, pues, visto el percal, ahora echamos la vista atrás y no nos arrepentimos en absoluto de las decisiones tomadas. Está visto que no siempre lo que mal empieza, acaba mal.

Y, para muestra, un botón.

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En la línea de salida…

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7/09/2017

En Rioja ya comienza a “oler” a vendimia.  Desde el pasado mes de febrero ya comenzó a hacer algo más calor de lo habitual, pero fue en marzo y mayo cuando las temperaturas fueron ostensiblemente más altas de lo que pudiera considerarse como normal.  El ciclo vegetativo se aceleró y las vides comenzaron a “trabajar” a marchas forzadas llevándonos hasta la situación actual en la que el adelanto en el estado fenológico, en relación con el año pasado, oscila en nuestros viñedos entre dos y tres semanas.  Tan es así, que tenemos previsto iniciar la vendimia de Tempranillo el próximo lunes día 11 de septiembre en nuestro viñedo “Los Cuartos”.  Como comparativa, sirva decir que el año pasado comenzamos la vendimia en este mismo viñedo el día 29 del mismo mes. Finalizada vendimia en Los Cuartos continuaremos en Montecillo que, también, “está llamando a la puerta”.

A priori, si el tiempo lo permite, da la sensación de que va a ser una vendimia larga en el tiempo pero corta en cantidad.  Larga en el tiempo porque va a haber que esperar a que la uva surgida en los viñedos afectados por la helada del pasado 28 de abril madure en condiciones.  Corta en cantidad porque la fertilidad de nuestras plantas -número de racimos y tamaño de los mismos- es ostensiblemente inferior a la de la cosecha 2.016 y porque la recuperación de producción en los viñedos helados ha sido discreta.  Aun así, nuestras expectativas de producción han mejorado un poco tras los 50 mm de lluvia recogidos a lo largo de la semana pasada.

En cuanto a calidad, tras los análisis ya realizados y las catas de uva efectuadas, la cosa apunta bastante bien, pero falta ver cómo es el remate final de la maduración para lo cual va a resultar clave la meteorología.  En principio, los pronósticos parecen buenos ya que no se anuncian lluvias y las temperaturas van a ser suaves y moduladas por viento del Norte.

En Ribera, la situación es algo similar a la de Rioja pero con un adelanto sensiblemente mayor debido a que la producción de nuestro viñedo es muy baja consecuencia de  la helada del 28 de abril.  Mañana procederemos a hacer los primeros análisis de maduración y tendremos datos más concretos, pero, por lo que se ve…. en poco está.

 

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Un enclave singular, La Pedriza

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26/07/2017

Cuando en enero de 2.013 me incorporé a La Rioja Alta, S.A. para hacerme cargo de la Dirección de Viticultura, lo primero que hice fue visitar todas y cada una de las parcelas de viñedo para hacerme cargo de su ubicación geográfica y extraer unas primeras y básicas impresiones de las mismas ya que, en invierno, con las cepas desprovistas de vegetación “se ve poco”.

Cuando le tocó el turno a “La Pedriza”, nuestra única plantación de viñedo en Rioja Baja, de Garnacha Tinta, por supuesto, en el pequeño pueblo de Tudelilla, hubo tres cosas que me llamaron la atención de forma inmediata.

Una de ellas saltaba a la vista.  En cuanto cruzamos un pequeño regato, el color del suelo y su composición cambió bruscamente y entendí, sin necesidad de explicación, por qué a aquel paraje se le llamaba así.  Me encontré ante un mar de cantos rodados que ocupaban totalmente la superficie del suelo como si hubieran sido colocados a propósito.  Apenas se veía tierra por ningún lado, sólo cantos y más cantos, de diversas formas, tamaños y colores.   “¿Cómo se habrá formado este suelo si por la zona no hay “piedras” de este estilo?”, pensé.

Los cantos rodados se originan al ser arrastrados por las crecidas de los ríos y golpearse continuamente unos contra otros y contra el lecho del propio río.  Pero por allí no pasa ninguno, tan sólo el humilde regato de Panizares, columna vertebral de La Pedriza, que sólo lleva agua cuando llueve con fuerza en la cercana Sierra de Carbonera.  No tiene entidad suficiente para tamaña obra.

Pregunté a un amigo geólogo y me contó que los cantos rodados habrían sido transportados, en tiempos geológicos pretéritos, por una red fluvial que nacía impetuosa en las estribaciones de la Sierra de Cameros (¡¡¡a más de 4 kilómetros de distancia!!!), de donde los arrancaba, hasta el entorno de La Pedriza donde los depositaba al perder velocidad formando un “glacis” o “piedemonte”. Pero no sólo hay cantos en la superficie.  Hemos hecho prospecciones llegando hasta los 20 metros de profundidad y la abundancia de ellos es una constante.

La segunda cosa que me llamó la atención era la vegetación y los cultivos de la zona: carrascas y tomillos en las laderas próximas no cultivadas y viñedo, cereal (poco) y almendros en las zonas de orografía más amable.  Estaba claro, pues, que nos encontrábamos en un ambiente típicamente mediterráneo en el que sólo eran capaces de subsistir las especies vegetales más resistentes a las altas temperaturas y a la escasez de lluvias. Vamos, el lugar idóneo para poner a prueba la rusticidad y la bravura de la Garnacha.

Hay quien ha osado plantar Tempranillo en La Pedriza, pero cuando el sol aprieta y las lluvias escasean, languidece, se mustia y se le hace el verano tremendamente largo poniendo en serios apuros la maduración de la uva. Sin embargo, la Garnacha aguanta con estoicismo y parece sentirse mucho más cómoda.  En algún verano rabiosamente seco he visto amarillear algunas hojas basales del poniente, pero aun así, ha sido capaz de tirar para adelante llevando la uva y su maduración a buen puerto.

Y por último, la tercera cosa que me llamó la atención en mi primera visita es que, a pesar de la gran extensión de nuestro viñedo, próxima a las 67 hectáreas, la nota más sobresaliente del mismo era su tremenda uniformidad.  Todas las cepas presentaban un aspecto y un vigor similar, lo que resulta un punto de partida clave para conseguir uva de calidad.

Hoy, pasados los cuatro años de mi primera visita, el “glacis” de La Pedriza y la imagen de nuestro viñedo me sigue impactando y me lleva a pensar que, desde luego, se trata de un enclave singular e irrepetible y que nuestras cepas de Garnacha están llamadas a ser una auténtica referencia. Es sólo cuestión de tiempo.

 

 

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Una madrugada aciaga

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
29/05/2017

Desde siete u ocho días antes, los hombres -y mujeres- del tiempo venían pronosticando temperaturas mínimas para los días 27 (Nuestra Señora de Montserrat) y 28 (San Prudencio) de abril de hasta -2 ºC en Rioja y -3 ºC en la Ribera del Duero.  Mirando el verdor de los pámpanos de las cepas y contando los racimos que ya eran bien visibles en Rioja, pensábamos todos y deseábamos… “¡Ojalá se equivoquen como hacían antes”!

 La Virgen nos libró el primer día.  Madrugué para viajar a Madrid y en ningún punto del trayecto la temperatura descendió por debajo de los 2 ºC.  Además, veía que las ramas de los árboles se movían zarandeadas por el viento, el mejor aliado del viticultor en noches de riesgo de heladas.  “Parece que vamos a librar”, iba pensando.  En cuanto se hizo de día llamé a Félix, nuestro capataz en Áster, para ver cómo había sido la noche por la Ribera.  “Por hoy, hemos librado”, me dijo con tímida satisfacción.

Foto de nuevacuatrouno.com

Pero San Prudencio fue implacable.  Cuando regresaba entre dos luces de Madrid, al pasar por Aranda de Duero el termómetro del coche marcaba ya tan sólo 1ºC, el cielo estaba completamente despejado y además había una total quietud en la atmósfera.  “Mal pinta ésto”, pensé, “pero bueno, Eolo es caprichoso y quizás le dé por soplar”.  Pero en esta ocasión no le dio por esas.

Toda la noche estuve aguzando el oído tratando de escuchar el sonido de un viento protector, pero por mucho que me esforzaba no oía nada.  Todo era calma.

En cuanto me levanté, bastante antes de lo habitual, escudriñé Internet para ver qué temperaturas habían registrado las estaciones climáticas más próximas a nuestros viñedos.  Tan sólo la de Ausejo, cercana a La Pedriza, marcaba valores positivos.  En las demás de Rioja (Rodezno, Cenicero, Haro, Labastida y Páganos) se veían valores negativos y en la de Áster, muy negativos.

Aún así, todavía  albergaba alguna esperanza: “¡Que no salga el sol, que no salga el sol!”.  Pero, en esta ocasión, Lorenzo tenía prisa por salir y parecía quererse levantar más rápido que lo habitual.  Y a medida que se levantaba, los pámpanos ennegrecían y doblaban la cabeza.  De camino a Haro, desde la carretera ya se vislumbraba el desastre, especialmente en cuanto crucé el río Najerilla.

Foto de martinezcarra.es

Llamé a todos nuestros capataces y poco a poco me fueron dando el parte de guerra:

-Pedro me decía: “En La Pedriza hemos librado”.

-Vicente comentaba: “En La Cuesta y en El Chaparral no veo nada helado. En Montecillo, algún pámpano salteado”.

-Richard apuntaba: “En algunos rodales de Los Cuartos ha pegado fuerte. En La Santa y en Las Laderas, poca cosa”.

-Calisto me escribía por whatsapp: “En las hondonadas de Torre de Oña ya hemos vendimiado”.

-Floren se resignaba: “En todas las parcelas de Rodezno y de Labastida se ve mucho helado pero pienso que en breve se verá mucho más”. Acertó en el pronóstico.

-Félix, más acostumbrado a estos bretes, me contaba con aplomo castellano: “Toda la Ribera está arrasada. No recuerdo nada igual”.  Obviamente, Áster corrió la misma suerte.

Foto de noticiasdelarioja.com

Al cabo de unas pocas horas, los viñedos más afectados estaban, como decía uno de mis abuelos, “como una boina” por lo negro de los pámpanos.

A día de hoy, casi un mes después, en muchos viñedos, especialmente los más jóvenes y pujantes, comienza a verse “algo de luz” aunque es un espejismo, ya que hay vegetación, pero muy poca uva.  Pero bueno, nos conformaremos si, finalmente, podemos contar con brotes de cierta calidad sobre los que podar en el próximo invierno.

Las viñas más viejas lo están pasando muy mal y algunas cepas no son capaces ni de retoñar.  Veremos qué les ocurre a estas joyas en peligro de extinción.

A partir de ahora y durante varios años no quedará otra que trabajar (y gastar) mucho para tratar de recuperar la arquitectura de las plantas y sus estructuras productivas.  La nueva uva que pueda surgir esta campaña, escasa, vendrá por añadidura.   Quizás sea lo que menos importe en estos momentos

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Cubierta vegetal en el viñedo

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24/04/2017

¿Qué es eso de cubierta vegetal en el viñedo?, se preguntará más de uno. ¿Para qué sirve?, pensará algún otro.

Pues bien, vamos a tratar de aclarar un poco este asunto.

Cuando en el viñedo hablamos de ‘cubierta vegetal’ nos estamos refiriendo a un sistema de mantenimiento del suelo consistente en dejar que, sobre él, se desarrolle, de forma espontánea o sembrada, una vegetación herbácea que puede ocupar toda la superficie del terreno o parte de ella y, además, hacerlo de forma temporal o permanente.

Cubierta vegetal sembrada de cebada en Finca Mayorita I (Rodezno)

Es una alternativa radicalmente opuesta a la clásica del ‘laboreo’ con la que lo que se pretende es remover el terreno con distintos tipos de aperos para mantenerlo limpio de malas hierbas y que éstas no compitan con las vides en lo que se refiere a agua y nutrientes.

En España, desde tiempo inmemorial (ya el emperador Justiniano prohibió plantar viñedo en terrenos frescos y fértiles donde el trigo era capaz de rentar en condiciones) el viñedo se ha venido asentando mayoritariamente en suelos poco profundos, pobres y secos con lo que parece obvio que el laboreo se impusiera como sistema de mantenimiento de suelo. Si a duras penas las vides eran capaces de sobrevivir en condiciones tan extremas, ¿como iba el viticultor a tolerar que en sus viñedos creciera ni una humilde chiribita?.

Obviamente, entre los dos extremos definidos por una cubierta vegetal total y permanente que supone mantener vegetación en toda la superficie del suelo y a lo largo de todo el año y un laboreo intensivo en el que el suelo está total y permanentemente desnudo (no hay más vegetal viviente que las propias vides), existen alternativas intermedias que permiten adaptarse a numerosas condiciones ambientales, de suelo y de cultivo. Así, a modo de ejemplo, podemos tener:

  • Una cubierta temporal: Normalmente se mantiene durante Invierno y Primavera cuando el agua en el suelo no suele ser un factor limitante. El resto del tiempo se recurre al laboreo.
  • Un sistema mixto: Consistente en dejar crecer vegetación sólo en una parte del terreno manteniendo la restante “limpia” mediante laboreo. Lo normal, en este caso, es hacerlo por calles alternas, es decir, en una hierba y en la otra laboreo.

Cubierta vegetal espontánea en Finca La Cuesta (Cenicero)

Y como suele ocurrir en otros aspectos de la vida, ningún sistema es perfecto y cada uno de ellos tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes. “Depende”, que diría Ángel Suárez, nuestro enólogo gallego de Lagar de Cervera.

Por centrarnos un poco en el tema que nos ocupa que es el de las cubiertas vegetales, sus principales ventajas son:

  • Protege el suelo contra la erosión provocada por las escorrentías de las aguas de lluvia evitando arrastres de tierra y pérdidas de suelo. Esta es la razón por la que mantenemos con cubierta vegetal permanente nuestros viñedos de Rías Baixas (más de 2.000 mm de lluvia al año) y La Cuesta en La Rioja (plantación en ladera con fuerte pendiente).
  • Permite el tránsito de maquinaria y de personas en cualquier época del año y en cualquier circunstancia, incluso después de fuertes lluvias que dejarían intransitable un viñedo mantenido mediante laboreo tradicional. Ésta es la razón por la que mantenemos con cubierta vegetal temporal nuestro viñedo Las Cuevas (35 hectáreas) en Rodezno. Cuando llueve en abundancia lo usamos como “refugio” para no tener que interrumpir totalmente los trabajos en la zona.
  • En suelos fértiles y profundos donde el viñedo se desarrolla de forma extremadamente vigorosa, la competencia ejercida por la cubierta vegetal, que se “pelea” por el agua y por el nitrógeno con el viñedo, provoca que éste “baje los humos” y se desarrolle de forma más equilibrada. Esta es la razón por la que mantenemos una cubierta vegetal temporal a base de cebada en las hondonadas de nuestro viñedo Mayorita I en Briones.
  • Relacionado con el párrafo anterior, un desarrollo más equilibrado del viñedo inducirá la formación de racimos menos compactos y con bayas de menor tamaño que son factores, ambos, de calidad enológica. Además, en estas circunstancias, los racimos se desarrollarán en un microclima más favorable por estar rodeados de una vegetación no demasiado exuberante que permitirá una buena aireación y una correcta insolación. En esta tesitura el riesgo de podredumbre de la uva es mucho menor.

    Cubierta vegetal espontánea de Diplotaxis erucoides

  • Las especies vegetales que integran la cubierta vegetal sirven de refugio a numerosas especies de insectos y ácaros que depredarán sobre otras especies perjudiciales para el viñedo. Es, pues, una forma natural de mantener el equilibrio entre plagas y depredadores. En otras ocasiones, algunas plagas se asientan sobre la vegetación herbácea porque le resulta más apetecible que el propio viñedo quedando éste libre de sus ataques. Ejemplo de ésto es el de la araña amarilla que parece preferir parasitar sobre las malvas antes que sobre el viñedo.
  • Los viñedos mantenidos mediante cubiertas vegetales generan ecosistemas con mayor diversidad biológica que los mantenidos desnudos de vegetación herbácea. La consecuencia de ésto es clara: a mayor diversidad biológica, mayor capacidad tendrá el ecosistema para resistir frente a agresiones externas de cualquier tipo y nuestro viñedo será más sostenible.
  • Desde el punto de vista ambiental y paisajístico, la cubierta vegetal desarrollada sobre los viñedos aumenta la calidad de los mismos.

Cubierta vegetal espontánea en Lagar de Cervera

En cuanto a inconvenientes, pueden citarse varios, pero entre ellos, el más importante y el que impide que haya mayor superficie de viñedos mantenidos con cubiertas vegetales es el que se da, en ausencia de riego, en zonas con escasa pluviometría o con mal reparto de lluvias a lo largo del año. En estas circunstancias, la cubierta vegetal puede provocar una fuerte competencia por el agua e inducir un fuerte estrés hídrico en el viñedo que traiga consigo una producción de uva muy mermada tanto en cantidad como en calidad.

Y para ir terminado, comentaros que mi opinión personal es que, cuando se maneja una superficie de viñedo tan extensa como la nuestra, con parcelas ubicadas sobre distinto tipo de suelo y en condiciones climáticas y ambientales diversas, todo tiene cabida. Como en la paella (que me perdonen los valencianos). Lo importante es acertar con la decisión que se tome en cada situación.

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La conveniencia de tener un (buen) viñedo propio

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA, VINOS CHATEAUX
2/03/2017

Hace ya unos cuantos años que, en todas las bodegas del Grupo, apostamos por la idea de llegar a ser capaces de autoabastecernos de uva. Para ello iniciamos un plan de ampliación de nuestra superficie de viñedo, adquiriendo parcelas en zonas proclives a la calidad y plantándolas de vides. Pero, como no siempre se acierta, por el camino se fueron quedando algunos viñedos que no respondieron a las expectativas que en su día depositamos en ellos. Así, Melchorón, Los Llanos, El Soto, El Sotillo, y San Ginés se descolgaron del pelotón y pasaron a otras manos, quizás, menos exigentes.

¿Es una opción acertada esta del viñedo propio? Pues estamos convencidos de que la respuesta es afirmativa. Quizás no a corto plazo, pero a medio y largo, sí.

Nuestra (mi) reflexión es la siguiente:

Por su calidad y prestigio, para la elaboración de nuestros vinos no necesitamos “uva”, necesitamos UNA UVA DETERMINADA con nombre propio. “A tal señor, tal honor” se suele decir. Pues, de igual manera… “A tal vino, tales uvas” o viceversa, que también serviría el dicho.

En ocasiones la Uva que necesitamos no abunda en el mercado de manera que, la forma de asegurarnos nuestro aprovisionamiento, es tratar de producírnosla en nuestros propios viñedos. Y digo tratar porque, aunque siempre lo intentamos (por nosotros y por la Casa que no quede), no siempre lo conseguimos. En ocasiones hay factores adversos que pueden conducir a que el trabajo, el gasto y la uva (cantidad y/o calidad) de todo un año se vayan al garete. Es un tremendo fracaso pero suele ocurrir.

El objetivo que nos planteamos es que, en nuestros viñedos, estas situaciones solo se den por factores que resulten totalmente incontrolables o azarosos ya que, si el resto de circunstancias somos capaces de gestionarlas con acierto, estaremos en mejores condiciones que el sector de producir uva, pero esa Uva con nombre propio que es la que necesitamos.

Si analizamos el asunto desde un punto de vista puramente económico, el negocio es, en ocasiones, escasamente rentable (vamos, que puede no ser ni negocio) ya que, con frecuencia, los costes de producción que soportamos superan a los precios de la uva en el mercado. 

Pero lo anterior ocurre cuando hablamos de una uva genérica, sin más. Cuando nos referimos a Uva, a esa con pedrigrí, a esa que, por su alta calidad, escasea y que, por consiguiente, se acaba convirtiendo en un bien escaso, codiciado y, por ende, económico, la cosa cambia y los costes de producción propios se llegan a asimilar a los precios de mercado resultando, así, más asumibles.

Este es el objetivo y el gran reto que nos hemos planteado al apostar por el autoabastecimiento de uva: ser capaces de producir un fruto que, en condiciones normales, se encuentre difícilmente en el mercado y que por sus características convierta a nuestra viticultura en una parte del negocio del vino notablemente rentable.

En ello andamos y, para ello, no se escatima en recursos.

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Y en invierno, ¿qué?

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES
19/12/2016

Pues… muchas cosas ya que en la viña no hay descanso.  Es un ser vivo y, como tal, su ciclo biológico no para.  Quizás se ralentice, pero no para.

Desde tiempo inmemorial (para mí), cuando acaba la vendimia, siempre le he oído decir a mi padre, medio en broma medio en serio, aquello de ya tenemos otra vez todo sin hacer”.

 Y es que, es así.  Hace ya cerca de dos meses que acabó el trajín de la vendimia bendito trajín el de este año, por cierto y casi sin solución de continuidad hemos comenzado las labores del próximo ciclo vegetativo.  Digo casi porque antes hemos disfrutado de unos pocos días de vacaciones.  El “reposo del guerrero tras el fragor de la vendimia” que diría aquel.

Fotos 9 al 12 Diciembre 2013 015El descenso de las temperaturas, hasta llegar a helar en algún caso, el viento, la lluvia y hasta un poco de nieve han provocado que las hojas caigan y que las cepas queden desnudas en Rioja y en la Ribera del Duero.  En Rías Baixas, donde la influencia atlántica suaviza mucho el ambiente, la desnudez todavía no es completa y alguna hoja pende todavía de los sarmientos.

Desprovistas las vides de su vestimenta estival comienza el momento de la poda.  De invierno, ¡claro!.  Ya hemos comenzado a podar Tempranillo y Garnacha en Rioja.  En la Ribera nos gusta esperar un poco más y adentrarnos en el mes de enero ya que la climatología de la Meseta Castellana es muy rigurosa y con frecuencia las temperaturas se precipitan estrepitosamente por debajo de los cero grados.  Interesa, pues, que los sarmientos continúen perdiendo agua para que la que quede en ellos no llegue a congelarse y dañe las yemas.  En O Rosal, el Albariño también lo podaremos avanzado enero, cuando los sarmientos estén perfectamente agostados.  Allí no hace demasiado frío y el proceso ocurre con mayor lentitud.

Para mí, la poda de invierno es la labor más importante de cuantas llevamos a cabo en el viñedo a lo largo del ciclo y ello es debido a que según como la hagamos no sólo modulamos la cantidad y calidad de la cosecha en ciernes, si no que, además, nos jugamos la longevidad de las cepas.

La poda de la vid es una operación sumamente traumática que se realiza practicando cortes.   Muchos cortes.  Entre treinta y cuarenta mil por hectárea. No hay más remedio que hacerlos.  Y ante cada corte las plantas responden secando una proporción de madera próxima a la herida abierta, tanto más grande cuanto mayor sea ésta.  No hay cicatrización posible, sólo madera seca.

Está claro que practicada la poda de una forma reiteradamente agresiva, como suele ser lo habitual, por otro lado, la cantidad de madera seca generada es tan importante que puede provocar que la vida de las vides penda de un hilo que, con frecuencia, llega a romperse menoscabándose así el patrimonio más importante de toda bodega que se precie: el viñedo. Fotos 9 al 12 Diciembre 2013 007

En nuestro caso concreto, llevamos ya varios años educando a nuestros podadores y formándolos en un nuevo concepto de poda, el de la poda “suave o poco traumática” como yo lo suelo llamar.  “Potatura soffice” dicen en Italia.  El objetivo último es llegar a alcanzar todos los efectos positivos que se pretenden con la poda clásica pero, a la vez, dañando lo menos posible a las cepas porque queremos que se hagan muy viejas para que puedan pagarnos los favores otorgados con uva de muy alta calidad y durante muchos años.

Si las viñas muy viejas (no las envejecidas, que no es lo mismo) son las que mejores uvas suelen dar, parece claro que nuestro reto es favorecer y permitir esa longevidad.

La poda poco traumática tiene, a mi entender, un cierto parangón con la cirugía laparoscópica o mínimamente invasiva.  Si los cirujanos emplean nuevas técnicas en sus intervenciones quirúrgicas con el objeto de dañar (=cortar) lo menos posible a sus pacientes favoreciendo así su pronta recuperación por qué no extrapolar algo así al viñedo y a la poda.   Esta fue mi reflexión…

Un dicho muy extendido por gran parte de las zonas vitícolas españolas y que tiene un origen histórico fundamentado es el de “que el primer podador fue un burro”, entendiendo burro como animal de carga no otra cosa.  Desgraciadamente, el significado de este dicho se ha malinterpretado por aquellos que entienden que lo que realmente quiere decir es que para podar sirve cualquiera o que una viña la poda cualquiera aunque no tenga ninguna cualificación. ¡Cuánto daño hacen en los viñedos los que piensan así! Obran inconscientemente sin conocer cuáles son las consecuencias finales de su forma de proceder.

PodaSuelo tener el, digamos, defecto de visitar muchos viñedos de propietarios terceros para comprobar la calidad de los trabajos realizados en ellos y, la verdad, en cuestión de poda, salvo honrosas excepciones, se me cae el alma al suelo por los desmanes cometidos.  Sin lugar a dudas, en muchos casos, un burro de cuatro patas lo haría mejor.

Como yo no quiero que a nosotros nos pase lo mismo, paso la mayor parte de mi tiempo invernal podando al lado de nuestros podadores.  De esta manera corrijo fallos (“la cabra tira al monte”) y les enseño constantemente la forma correcta de proceder con ejemplos prácticos.

Si el movimiento se demuestra andando, la poda correcta se demuestra podando bien.  En ello estamos.

¡FELIZ NAVIDAD! y a quien le toque… ¡Buena poda!

 

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Misión cumplida

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CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, VENDIMIA
31/10/2016

¡¡LA VENDIMIA HA TERMINADO!!! El pasado miércoles día 26 de Octubre, a eso de las 17:15 h, concluíamos la vendimia 2.016 cortando los últimos racimos de Tempranillo en nuestra finca La Dehesilla de Anguix (Áster).

Un poco larga ha sido pues la iniciamos el 19 de Septiembre (el Albariño es así de precoz), al alimón, en las parcelas Limeres de El Rosal y Viñadeiro de Cambados, ambas en las Rias Baixas.

Ha sido larga porque la climatología, tremendamente bonancible, nos lo ha permitido. Apenas ha llovido y hemos disfrutado de días soleados y noches muy frescas que nos han dejado obrar con tranquilidad, sin prisa.

IMG-20161014-WA0014Muchos días, a primera hora de la mañana, casi no se podían agarrar los racimos por lo fríos que estaban. Parecían salir de un frigorífico. ¡Que gozada!. De un día para el otro se apreciaba como la piel del Tempranillo y de la Garnacha se oscurecía más y más a la vez que su pulpa se tintaba de un tono granate intenso señal de que estábamos alcanzando en plenitud la ansiada madurez fenólica.

Hacía años que no disfrutaba tanto. ¡¡¡Y qué hablar de la sanidad!!!. Ni un solo atisbo de podredumbre, tan así, que hasta apetecía comerse la uva por lo apetecible.

A lo largo de 38 días hemos vendimiado alrededor de 620 ha de viñedo y todas ellas, como es norma de la casa, de forma totalmente manual ya que no queremos máquinas que destrocen la uva convirtiéndola en una masa amorfa. Nuestro objetivo es que los racimos lleguen hasta la bodega tal cual se encuentran en la cepa sin manipulación y con su personalidad.

Más de 300 personas han integrado los equipos de vendimia de Lagar de Cervera, Torre de Oña, La Rioja Alta y Áster y todas ellas han llevado grabadas a fuego las mismas consignas: recoger sólo los racimos perfectamente maduros y mimarlos al máximo para que no pierdan la tonalidad mate que les otorga la capa de pruina. Posteriormente vendrá el transporte en pequeñas cajas de 16 kg de capacidad hasta el interior de camiones frigoríficos situados a pie de finca, lo que asegurará que la uva llegue a bodega y sea encubada a una temperatura inferior a los 10 ºC. El frío endurece y la dureza garantiza integridad.

FB_IMG_1476807826334Pero ahí no acaba la cosa. Después, una máquina de alta precisión manipulará delicadamente los racimos hasta llegar al punto de escoger de ellos sólo los mejores granos que serán los únicos dedicados a la elaboración de nuestros vinos. El resto no nos sirve.

A día de hoy, las primeras uvas que recogimos ya se han convertido en vino y, por el semblante de Julio, nuestro enólogo, da la sensación de que la cosa promete. Parece que hay mucho color, buenos aromas y algo menos alcohol que el año pasado. En fin, mayor equilibrio.

Si es así, me daré por satisfecho y podré decir a todo mi equipo y a mí mismo aquello de ¡¡¡MISIÓN CUMPLIDA!!.

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¡Qué verde es el agua!

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CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
15/09/2016

Es lo que suele decir Ricardo, el padre de mi amigo Ricardo, fruticultores artesanos de Calatorao en tierras mañas. Y… ¡Qué amarilla es la sequía!, se me ocurre decir a mí en contraposición.

Poco ha llovido este verano en las zonas en las que tenemos viña.  Incluso en Rías Baixas, donde suele llover con frecuencia y abundancia, la pluviometría se ha mostrado rácana.  Suerte que hemos podido regar. Pero no dejo de sorprenderme ya que, aún así, el viñedo, rústico por naturaleza, ha sido capaz de mantener el tipo y aguantar hasta el final.

robertoA principios de septiembre el aspecto era un poco lastimoso: hojas del poniente y del mediodía mustias y, las más bajas, amarillas como el color de la sequía. Por si fuera poco, a la escasez de agua se le unían unas temperaturas anormalmente altas (hasta 37 ºC registramos en las estaciones climáticas de nuestros viñedos) y unos intensos vientos de Sureste.  El Solano, como decimos en Rioja.  Peores condiciones para la planta y para la maduración de la uva, imposibles.

Ante estas condiciones tan estresantes la planta trata de adaptarse como puede y, entre otras cosas, lo que hace es “no trabajar” para ahorrar la escasa energía con la que cuenta.  Y si la planta no “trabaja” no genera azúcares y si no genera azúcares la uva madura lentamente y, a veces, mal.  O no madura. Y como de los azúcares derivan otras sustancias como ácidos, aromas y polifenoles, podemos adivinar las consecuencias….

Pero las condiciones han cambiado y pasamos ahora por una época con condiciones climáticas que todos firmaríamos en estos momentos en que la uva comienza a sazonar: sopla el Cierzo, las máximas diarias no superan los 22 ºC y las bajas descienden hasta los 9, aunque sería mejor que llegaran a 6 como ocurre en nuestro viñedo de Áster.  Si además cae un pequeño rocío o las hojas se mojan con cuatro gotas de lluvia, ¡Miel sobre hojuelas!. rober2

Yo, ahora que la uva ya está negra, no quiero que llueva sobre nuestros viñedos. Un ligero txirimiri es suficiente para pasar de pensar en ¡Qué amarilla es la sequía” a ¡Qué verde es el agua!, como dicen los Ricardos de Calatorao.

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¿Riego en el viñedo de Galicia?

Publicado en:
CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, I+D, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
22/06/2016

Hacía tiempo que el enólogo de Lagar de Cervera, Ángel Suárez, venía insistiendo en lo beneficioso que sería para nuestro viñedo de O Rosal tener la posibilidad de regar. Desde hacía unos años ya venía experimentando con el riego en las parcelas de Tamuxe, Carballas y Pino con resultados prometedores ya que el aspecto general de las parcelas era mejor que el de las manejadas en secano, la uva maduraba mejor y la producción más uniforme.

Parecía una incongruencia querer regar el viñedo cuando en O Rosal fácilmente caen más de 2.000 mm de lluvia al año. Pero es que no es lo mismo llover mucho que llover bien. “¡Nunca llueve al gusto de todos!”, reza el refrán.

Cabezal Experimental de FertirriegoBAJALos suelos de nuestro viñedo son poco profundos y muy arenosos con lo que tienen poca capacidad para retener humedad. Si a ello se le une el hecho de que, en algunas ocasiones, en verano llueve poco, las plantas se resienten, dejan de crecer, comienzan a perder hojas, la maduración se ve comprometida y la productividad también.

Ante estas circunstancias, hace casi dos años que decidimos embarcarnos en un ambicioso proyecto de I+D+I cofinanciado por la Unión Europea y por el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial) con fondos FEDER.

De la mano de expertos investigadores del Departamento de Ingeniería Agroforestal de la Universidad de Santiago de Compostela planteamos un proyecto cuyos objetivos últimos eran establecer un método que nos permitiera “regar bien”, es decir, que nos ayudara a decidir de forma objetiva en qué momento aportar agua, qué cantidad aportar y cómo hacerlo. Y es que, como dice el Dr. Enrique García-Escudero, uno de los mejores profesores de viticultura que he tenido, la cosa no es tan sencilla ya que “regar no es lo mismo que echar agua”.

En un escenario en el que el agua es un bien cada vez más escaso no cabía ninguna duda en cuanto al método de riego. Necesariamente tenía que ser por goteo. Y ya que contábamos con una moderna instalación de riego por goteo, estaba claro que teníamos que utilizar el agua para transportar hasta las plantas los elementos nutritivos que estas necesitan con lo cual ya no sólo regamos, sino que FERTIRRIGAMOS.

De esta forma vamos suministrando los nutrientes ‘a la carta’, en pequeñas cantidades y localizándolos en las proximidades de las raíces de las vides. Evitamos así hacer aportes masivos en la superficie del terreno que suponen un claro riesgo de contaminación si son arrastrados por las copiosas lluvias que frecuentemente se suceden.

Es, pues, un claro ejemplo de sostenibilidad en el viñedo ya que con un mínimo empleo de agua y de fertilizantes conseguimos grandes resultados por aplicarlos de una forma altamente eficiente.

Hemos perforado pozos para abastecernos de agua, hemos instalado un moderno programador que nos permite regar por la noche cuando la energía es más barata y cuando no suele soplar el viento y nuestros compañeros de viaje, los investigadores de la Universidad de Santiago, sobrevuelan nuestro viñedo con drones, colocan sensores en el suelo y en las plantas y efectúan cientos de mediciones con la idea de dar con las claves: ¿cuándo fertirrigamos?, ¿cuánto fertirrigamos?.

En ello estamos. La campaña pasada no obtuvimos unos resultados tan espectaculares como esperábamos, pero este año parece que vamos por buen camino.

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