LA VOZ DE LA FINCA

¡Qué verde es el agua!

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CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
15/09/2016

Es lo que suele decir Ricardo, el padre de mi amigo Ricardo, fruticultores artesanos de Calatorao en tierras mañas. Y… ¡Qué amarilla es la sequía!, se me ocurre decir a mí en contraposición.

Poco ha llovido este verano en las zonas en las que tenemos viña.  Incluso en Rías Baixas, donde suele llover con frecuencia y abundancia, la pluviometría se ha mostrado rácana.  Suerte que hemos podido regar. Pero no dejo de sorprenderme ya que, aún así, el viñedo, rústico por naturaleza, ha sido capaz de mantener el tipo y aguantar hasta el final.

robertoA principios de septiembre el aspecto era un poco lastimoso: hojas del poniente y del mediodía mustias y, las más bajas, amarillas como el color de la sequía. Por si fuera poco, a la escasez de agua se le unían unas temperaturas anormalmente altas (hasta 37 ºC registramos en las estaciones climáticas de nuestros viñedos) y unos intensos vientos de Sureste.  El Solano, como decimos en Rioja.  Peores condiciones para la planta y para la maduración de la uva, imposibles.

Ante estas condiciones tan estresantes la planta trata de adaptarse como puede y, entre otras cosas, lo que hace es “no trabajar” para ahorrar la escasa energía con la que cuenta.  Y si la planta no “trabaja” no genera azúcares y si no genera azúcares la uva madura lentamente y, a veces, mal.  O no madura. Y como de los azúcares derivan otras sustancias como ácidos, aromas y polifenoles, podemos adivinar las consecuencias….

Pero las condiciones han cambiado y pasamos ahora por una época con condiciones climáticas que todos firmaríamos en estos momentos en que la uva comienza a sazonar: sopla el Cierzo, las máximas diarias no superan los 22 ºC y las bajas descienden hasta los 9, aunque sería mejor que llegaran a 6 como ocurre en nuestro viñedo de Áster.  Si además cae un pequeño rocío o las hojas se mojan con cuatro gotas de lluvia, ¡Miel sobre hojuelas!. rober2

Yo, ahora que la uva ya está negra, no quiero que llueva sobre nuestros viñedos. Un ligero txirimiri es suficiente para pasar de pensar en ¡Qué amarilla es la sequía” a ¡Qué verde es el agua!, como dicen los Ricardos de Calatorao.

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¿Riego en el viñedo de Galicia?

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, I+D, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
22/06/2016

Hacía tiempo que el enólogo de Lagar de Cervera, Ángel Suárez, venía insistiendo en lo beneficioso que sería para nuestro viñedo de O Rosal tener la posibilidad de regar. Desde hacía unos años ya venía experimentando con el riego en las parcelas de Tamuxe, Carballas y Pino con resultados prometedores ya que el aspecto general de las parcelas era mejor que el de las manejadas en secano, la uva maduraba mejor y la producción más uniforme.

Parecía una incongruencia querer regar el viñedo cuando en O Rosal fácilmente caen más de 2.000 mm de lluvia al año. Pero es que no es lo mismo llover mucho que llover bien. “¡Nunca llueve al gusto de todos!”, reza el refrán.

Cabezal Experimental de FertirriegoBAJALos suelos de nuestro viñedo son poco profundos y muy arenosos con lo que tienen poca capacidad para retener humedad. Si a ello se le une el hecho de que, en algunas ocasiones, en verano llueve poco, las plantas se resienten, dejan de crecer, comienzan a perder hojas, la maduración se ve comprometida y la productividad también.

Ante estas circunstancias, hace casi dos años que decidimos embarcarnos en un ambicioso proyecto de I+D+I cofinanciado por la Unión Europea y por el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial) con fondos FEDER.

De la mano de expertos investigadores del Departamento de Ingeniería Agroforestal de la Universidad de Santiago de Compostela planteamos un proyecto cuyos objetivos últimos eran establecer un método que nos permitiera “regar bien”, es decir, que nos ayudara a decidir de forma objetiva en qué momento aportar agua, qué cantidad aportar y cómo hacerlo. Y es que, como dice el Dr. Enrique García-Escudero, uno de los mejores profesores de viticultura que he tenido, la cosa no es tan sencilla ya que “regar no es lo mismo que echar agua”.

En un escenario en el que el agua es un bien cada vez más escaso no cabía ninguna duda en cuanto al método de riego. Necesariamente tenía que ser por goteo. Y ya que contábamos con una moderna instalación de riego por goteo, estaba claro que teníamos que utilizar el agua para transportar hasta las plantas los elementos nutritivos que estas necesitan con lo cual ya no sólo regamos, sino que FERTIRRIGAMOS.

De esta forma vamos suministrando los nutrientes ‘a la carta’, en pequeñas cantidades y localizándolos en las proximidades de las raíces de las vides. Evitamos así hacer aportes masivos en la superficie del terreno que suponen un claro riesgo de contaminación si son arrastrados por las copiosas lluvias que frecuentemente se suceden.

Es, pues, un claro ejemplo de sostenibilidad en el viñedo ya que con un mínimo empleo de agua y de fertilizantes conseguimos grandes resultados por aplicarlos de una forma altamente eficiente.

Hemos perforado pozos para abastecernos de agua, hemos instalado un moderno programador que nos permite regar por la noche cuando la energía es más barata y cuando no suele soplar el viento y nuestros compañeros de viaje, los investigadores de la Universidad de Santiago, sobrevuelan nuestro viñedo con drones, colocan sensores en el suelo y en las plantas y efectúan cientos de mediciones con la idea de dar con las claves: ¿cuándo fertirrigamos?, ¿cuánto fertirrigamos?.

En ello estamos. La campaña pasada no obtuvimos unos resultados tan espectaculares como esperábamos, pero este año parece que vamos por buen camino.

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Entre San Marcos y San Pedro Regalado

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CICLO DE LA VID, FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VENDIMIA
12/05/2016

Recientemente han circulado por las redes sociales unas espectaculares fotografías de Aurèlien Ibanez tomadas en los viñedos de Chablis durante la noche del pasado 27 de abril.  En ellas se aprecian cientos de candelas que los viticultores borgoñones habían encendido dentro de sus viñedos para caldear el ambiente y así evitar que las temperaturas descendieran por debajo de 0 ºC y helaran los indefensos brotes.

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

(c) Aurèlien Ibanez

Imágenes parecidas aparecían hace unos años en la película “Un paseo por las nubes” en la que una familia de viticultores californianos, ante el riesgo de una helada primaveral, se afanaban en encender hogueras entre las cepas a la vez que removían el aire con algo parecido a unas alas de ángel.  Pretendían mezclar el aire frío del ambiente con el calor emanado de las hogueras para tratar de mantener las temperaturas ligeramente por encima de la barrera de los 0 ºC.

Y es que estamos en la época de máximo riesgo de que se produzcan heladas.  Sobre todo en la Ribera del Duero.  En Rioja, casi casi la hemos dejado atrás, pero no hay que cantar victoria aún.  Cosas más raras se han visto.

Según la sabiduría popular, las onomásticas de San Marcos (25 de abril) y la de San Pedro Regalado (13 de mayo) suelen acotar este período de riesgo. Los viticultores antiguos, aquellos que vivían permanentemente mirando al cielo, lo tenían bien grabado en su memoria y, así, en Rioja solían decir aquello de “Marcos Marquete, vendimiador sin corquete”.  Querían, con esta expresión, reflejar la gravedad de una helada en estas fechas ya que, caso de producirse, el santo se llevaría las uvas sin apenas haber brotado.

De la misma manera, Félix, nuestro capataz en Áster, me dice, en los pueblos de la Ribera, desde siempre se le ha conocido a San Pedro Regalado como el Santo “más borracho”.  Ello es debido a que, cuando hiela por su onomástica, bebe más vino que nadie” porque al igual que San Marcos, es capaz de llevarse las uvas antes, incluso, de que se vean.

B 1607

A finales de abril, los días comienzan a alargar y el Sol sale de su letargo invernal caldeando con intensidad la superficie de la tierra y de la vegetación.  Por la noche, tierra y vegetación irradian a la atmósfera el calor acumulado durante el día enfriándose peligrosamente.  Si la temperatura llega a descender por debajo de 0 ºC, aunque sólo sean unas décimas, tendremos daños por helada en el viñedo ya que las yemas recién brotadas son extremadamente sensibles al frío.  Y con las yemas, se helarán las uvas que ya se encuentran en su interior.

Son los caprichos de estas noches de primavera que resultan verdaderamente temibles cuando el cielo queda raso (despejado y sin nubes), el viento está en calma y una oronda Luna Llena asoma morbosa para ver el luctuoso espectáculo.

Recuerdo una noche como esas en mayo del 2.004 en la que mi móvil sonó a eso de las 3 de la madrugada.  La llamada me la hacía un termómetro que tenía colocado en medio de un viñedo en plena ‘Milla de Oro’ de la Ribera y que estaba programado para que me avisara cuando la temperatura se aproximara a 1,5 ºC.  Sergio, uno de mis capataces entonces, y yo salimos para el viñedo para controlar la evolución de la temperatura.  Cuando ésta bajó a 0,5 ºC pusimos en marcha el equipo de bombeo que habíamos instalado en la orilla del Duero y comenzamos a regar el viñedo por microaspersión.  Enseguida el agua pulverizada comenzó a helarse sobre las vides formando una de las imágenes más bonitas que recuerdo.  Al amanecer, todo estaba recubierto por un casquete blanco impoluto.  Mantuvimos en marcha el riego hasta que la temperatura superó ligeramente los 0,5 ºC.  Ante tanta acumulación de hielo, nos quedaba la incertidumbre de si habríamos sido capaces de librar la cosecha de la sed de San Pedro Regalado.  Días más tarde salimos de dudas: el perito del seguro que vino a tasar los daños los cifró en el 10% frente al 80% de los viñedos colindantes.

Misión cumplida.  La noche que habíamos pasado en vela mereció la pena y la recuerdo como una de las más gratificantes de mi vida.

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La leyenda de Djemchid

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CICLO DE LA VID, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, PERSONAS
21/04/2016

Según cuenta una antigua leyenda persa, cuando todavía faltaban unos 4.000 años para que naciera Cristo, el rey y semidiós Djemchid miraba extasiado el cielo en un día de sol radiante.  Asombrado, vio como una majestuosa ave que se acercaba planeando hacia él.  Cuando ésta se situó sobre su vertical, dejó caer a los pies del rey algo que a éste le parecieron semillas.

Movido por su curiosidad, Djemchid recogió las semillas y las enterró para ver si serían capaces de germinar.  Al cabo de un tiempo, en el lugar se desarrollaron unos arbustos frondosos que dieron abundantes frutos hasta entonces desconocidos.

El rey ordenó a sus criados que recogieran la fruta (uvas) y la guardaran en algunas de las tinajas del depósito real con la intención de conservarlas y poder consumirlas posteriormente.  Pero las uvas comenzaron a fermentar perfumando el palacio con un aroma deliciosamente atrayente.

PAREJA-PERSA-DISFRUTANDO-DEL-VINOLa esposa favorita del rey sintió los efluvios y pensó que se trataría de algún brebaje venenoso ideado por el mago de palacio.

Una noche, tras un ataque de celos provocado por el trato de favor que el rey había otorgado a otra de sus mujeres, la favorita decidió quitarse la vida bebiendo una buena ración de lo que ella pensaba se trataría de ponzoña.  Pero contrariamente a lo que ella pensaba, no encontró la muerte sino que alcanzó tal grado de euforia y efervescencia que comenzó a cantar y a bailar de forma desenfrenada.

El alboroto formado fue tal que el rey, alarmado ante tal estado de excitación de su favorita, se acercó hasta el lugar comprobando que una de las tinajas había sido saqueada y achacó a su contenido la reacción provocada en su esposa.

El rey decidió dar nombre a esa bebida llamándola “Darou é Shah” que en antiguo persa significa “El Remedio del Rey”.  Curiosamente, de la deformación de esa palabra derivó el nombre de Syrah o Shiraz, cepaje que hay quien considera es originario de la antigua Persia, actual Irán.

Por cierto que, también hay quien defiende que el vino que Jesucristo y sus Apóstoles tomaron en la Última Cena estaba elaborado con Syrha.

Podría ser …

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La filoxera del siglo XXI

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8/03/2016

Esta es la expresión con la que Richard Smart (“The fliying vine Doctor”) y otros expertos se refieren a las enfermedades de madera de la vid que, sin excepción, están afectando con mayor o menor intensidad a todos los viñedos del mundo.

Foto de www.vinetur.com

Foto de www.vinetur.com

Tal expresión puede dar idea de la gravedad del problema. Como bien sabéis, a finales del siglo XIX, un pequeño insecto con nombre científico “Phyloxera vastratix” (filoxera = secador de hojas), de origen americano y parecido a un insignificante pulgón llegó a Europa como huésped en alguna planta que se importaba para formar parte de las colecciones de los jardines botánicos tan en boga entonces. En pocos años se extendió por amplias zonas del viñedo europeo provocando la muerte indiscriminada de cepas que, hasta entonces, tenían raíz europea. Muchos viticultores se arruinaron y no tuvieron otra alternativa que emigrar a América buscando un futuro menos incierto.

Por cierto, que como siempre ocurre, hubo oportunistas que desde el primer momento trataron de sacar rédito de la desgracia y desesperación ajenas. Así, un concejal gallego desarrolló una pócima mágica y, por supuesto, carísima, a base de agua, cal apagada, tabaco de infusión, sulfato de cobre y orina de varón (posteriormente el inventor aclaró que la de mujer también servía) que trató de vender como remedio infalible para combatir a la imparable filoxera.

Cuando yo estudiaba viticultura hace algo más de 20 años, los expertos en enfermedades de madera del viñedo nos hablaban exclusivamente de la yesca y de la eutipiosis causadas por “Stereum hirsutum” la primera y “Eutipa lata” la segunda. Hoy día se habla de otras tres enfermedades más (Pie Negro, Enfermedad de Petri y Brazo Muerto) y se citan más de cuarenta especies de hongos implicados en ellas. _DSC7505

Evidentemente, ante tal proliferación de agentes causantes resulta imposible encontrar un producto químico que sea eficaz para combatirlos a todos ellos. Los investigadores y las empresas productoras de productos fitosanitarios se afanan en encontrar un remedio que resulte efectivo pero no dan con él y, seguramente y por desgracia, tardarán en encontrarlo. Y, como ocurrió con la filoxera, también existen oportunistas que venden elixires mágicos contra estas enfermedades. Ellos mismos anuncian que son caros, pero lo justifican arguyendo que más caro es quedarte sin viñas… En fin, cada cual que haga lo que considere conveniente, pero rigor científico, muchas veces, poco.

Los viticultores claman por volver a poder utilizar el arsenito sódico y descargan sus iras contra los organismos competentes que prohibieron su uso hace unos años por ser tremendamente cancerígeno. Ya veis, serían capaces de anteponer la buena salud de sus cepas a la suya propia.

Ante esta tesitura, no queda otra que llevar a cabo medidas profilácticas que traten de evitar la entrada de los hongos al interior de las cepas. Para ello, los viveristas productores de plantas de vid se tienen que esmerar en producir material vegetal totalmente “limpio” y los viticultores tenemos que tratar de dejar pocas puertas abiertas a la infección. Y estas puertas son las heridas de poda. Cuanto más pequeñas y menos numerosas sean éstas, menor riesgo tenemos de infección. Pero el riesgo cero no existe.

En este sentido, en nuestra casa ya llevamos varios años formando a nuestros podadores en lo que denominamos “poda poco invasiva” y que sería algo equivalente a la laparoscopia en cirugía. En definitiva, tratamos de intervenir lo menos posible causando cuanto menos daño mejor.

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Miles de variedades de vid

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19/01/2016

Si nos pidieran que dijéramos el nombre de todas las variedades de vid que conocemos, ¿cuántas seríamos capaces de nombrar?  Diez, quince, veinte… Quizás, lo más avezados dirían alguna más, pero, seguramente, costaría pasar de la treintena. Pues bien, se habla de que pueden existir del orden de 10.000 variedades de vid repartidas por todas las zonas vitícolas del mundo de las que, en España, se podrían encontrar por encima de las 500, aunque cultivadas actualmente apenas se alcanza la cifra de 130, de las que 111 serían autóctonas y el resto foráneas.

Unos cuantos años antes del nacimiento de Cristo, el poeta latino Virgilio mencionaba que existían tantas variedades de uva como granos de arena en el mar. De lo anterior se deduce que, como en otros campos, en la viticultura se ha producido una simplificación en el elenco de variedades cultivadas con una pérdida ingente de diversidad genética, pérdida que, por otro lado, resulta irreparable y difícilmente cuantificable en términos económicos.

Búsqueda de mayor productividad, adecuación a los gustos de los consumidores, mayor facilidad de manejo, menor sensibilidad a plagas y enfermedades,… Son argumentos que se han esgrimido para justificar la sustitución de variedades minoritarias, autóctonas y, en ocasiones, endémicas por otras traídas de fuera, sin haberles dado la oportunidad, en la mayoría de los casos, a las primeras de demostrar su potencial enológico.

Me vienen a la memoria mis andanzas años atrás por la recóndita zona de los Arribes del Duero donde algunos viticultores me hablaban con afecto del “Bastardillo” y del “Bruñal”, variedades a punto de extinguirse y de las que sólo se encontraban algunas cepas aisladas entremezcladas en los viñedos con las mayoritarias “Rufete” y “Juan García”.  Algún bodeguero apasionado y romántico se propuso vinificar uvas en pureza obteniendo vinos con una concentración difícilmente alcanzable por el resto de variedades de la zona.

Algo similar ocurrió en Rioja con, por ejemplo, la “Maturana Tinta” rescatada de viñedos viejos en los que permanecía oculta entre las cepas de Tempranillo.  Tras unos años de investigación y experimentación fue admitida para su cultivo dentro de la D.O. Ca. Rioja ya que da lugar a vinos con una carga polifenólica difícilmente alcanzable por el Tempranillo mayoritario.

A nivel personal, mi abuelo paterno me contaba que cuando él decidía plantar un viñedo, elegía una variedad predominante pero siempre intercalaba, de forma aleatoria, cepas de otras 3 o 4 variedades diferentes porque le daban “alegría” al vino.  Ejemplo de ello es la viña de “La Pilastra”, plantada hace casi 51 años y que ya he mencionado en alguna ocasión anterior.  Si nos paseamos entre sus cepas encontramos mayoritariamente Viura (= Macabeo), pero si prestamos atención distinguiremos, también, Malvasía Riojana (= Rojal), Calagraño (= Jaino), Garnacha Blanca y alguna de cepa de otra variedad que todavía no he sido capaz de identificar.  Lo mismo ocurre en “La Trasera” donde, además de Tempranillo, veremos plantas aisladas de Graciano, Miguel de Arco y de una variedad, desconocida para mí, con la pulpa coloreada.

La mayor parte de estos viñedos viejos, que constituían un auténtico reservorio de diversidad genética vitícola, están desapareciendo “gracias” a las ayudas otorgadas por los organismos públicos para la reestructuración de viñedos.  ¡Qué error tan imperdonable!

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La Sierra de Cantabria y su efecto Foehn

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FACTORES DE CALIDAD, LA VOZ DE LA FINCA, LAS 4 ESTACIONES, VINOS CHATEAUX
7/12/2015

Nuestros viñedos de Torre de Oña se localizan en las mismas faldas de la Sierra de Cantabria en su vertiente Sur, una humilde cordillera (humilde sólo por la discreta altitud de sus picos, con cumbres más elevadas que rondan los 1.400 m) que entra en la Denominación de Origen Calificada Rioja, por el Este, con el nombre Montes Obarenes, continúa por los Montes de Toloño y finaliza allí, en tierras Navarras, con el nombre de Sierra de Codes.

A pesar de su discreta altura, la Sierra de Cantabria ejerce una influencia de vital importancia sobre la climatología del viñedo situado en sus faldas ya que provoca un efecto “Foehn” a escala local.

FohnLos vientos del Norte, fríos y cargados de humedad tras acariciar el Mar Cantábrico y que tendrían efectos perjudiciales sobre el viñedo y la uva, chocan a barlovento con la Sierra de Cantabria que les obliga a ascender para salvar el obstáculo.  La ascensión hasta la cima de La Cruz del Castillo o La Peña del León unida al consiguiente descenso de la temperatura provoca la condensación de la humedad generando lluvia que se precipita sobre la vertiente Norte de la Sierra.

Alcanzadas las cumbres, el viento Norte, ya seco por haber descargado toda su humedad, desciende por la ladera Sur, a sotavento, calentándose a medida que pierde altura y recibe los rayos del sol desde el amanecer hasta el ocaso.

El clima cambia en muy poca distancia y éste cambio, a su vez, genera que la vegetación y los cultivos, en ambas vertientes de la Sierra de Cantabria, sean totalmente diferentes.  Así, al Norte de la Sierra encontraremos roble, patatas y remolacha, mientras que al Sur, encontraremos encinas, carrascas, viñedo e, incluso, madroños.

Todo lo anterior explica que nuestro viñedo de Torre de Oña, pese a la altura a la que se encuentra, sea tan temprano y la uva madure en plenitud: la Sierra de Cantabria lo abriga de los rigores del Norte incrementándose, además, este efecto por estar ubicado en una perfecta solana recibiendo rayos solares durante todo el día. C4 26 DEF

Me viene a la mente el año que estuve trabajando en los viñedos de Mendoza (Argentina).  Allí se producía un efecto Foehn similar al de la Sierra de Cantabria pero a una escala mucho mayor ya que lo provocaba la Cordillera de los Andes sobre los vientos húmedos que venían del Pacífico.

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Sobre la pasada vendimia 2015

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19/10/2015

En una agenda que conservo de mi padre de 1.978 aparece anotado que comenzaban la vendimia de aquel año cortando las uvas de Viura y Malvasía en nuestro viñedo La Pilastra el día 19 de octubre.  La Pilastra es un paraje de Cenicero próximo al núcleo urbano considerado como de los más tempranos del pueblo.  En cuanto a las variedades Viura y Malvasía, siempre se han vendimiado unos cuantos días antes que el Tempranillo.

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Pues bien, en el presente año 2.015, para el día 21 de septiembre (Fiesta de San Mateo en Logroño y en otras capitales) mi padre, a sus casi 80 años, había terminado de vendimiar todos los viñedos familiares en Cenicero incluido, por supuesto, el de La Pilastra que fue vendimiado el día 14 de septiembre. ¿Qué ha ocurrido este año que pueda explicar este adelanto tan acusado en las fechas de vendimia?

Pues como decía en mi post anterior, para mía la clave ha estado en las temperaturas tan anormalmente altas que tuvimos en el mes de mayo. Si atendemos a temperaturas medias, en nuestras zonas de cultivo, los valores del presente año en mayo superaron en casi 2,5º C a los del año 2.014 (cálido) y en casi 5º C a los de 2.013 (frío).

Hablaba, también, en aquel texto publicado a mediados de septiembre que la última semana de agosto había sido muy complicada debido a las fuertes tormentas, al fuerte viento del Sureste (Solano) y a las altas temperaturas.  Estas circunstancias provocaban, cuanto menos, incertidumbre sobre el devenir de la incipiente vendimia, pero todavía manteníamos la esperanza de que, como habitualmente suelen decir los viticultores, “septiembre mandará”.  Y, efectivamente, “septiembre mandó”.

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Las temperaturas bajaron hasta casi 3,5º C en comparación con las medias de septiembre 2.014 y casi 5º C en comparación con las medias de agosto de este último año.  Sopló con frecuencia e intensidad el ansiado viento del Noroeste (Cierzo) y disfrutamos de días soleados y noches frías en los que las temperaturas descendieron hasta rozar los 5º C.

La maduración, hasta entonces un tanto ‘despegada’ entre azúcares y polifenoles, comenzó a avanzar a buen ritmo y de forma acompasada, llegando, finalmente, a buen puerto.

Y entramos en octubre en plena vendimia y, como me decía mi abuelo Millán, “para que cualquier fruta tardía, incluida la uva, esté en sazón, tiene que tener días de octubre”.  Y los hemos tenido, de manera que los vinos recién descubados apuntan maneras de figuras.  Eso sí, con un poco más de grado alcohólico de lo normal.

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A punto de comenzar

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17/09/2015

Como os comentaba en nuestro anterior post, el pasado día 13 de julio vi que comenzaba a enverar alguna baya de Tempranillo en nuestro viñedo Montecillo.   Desde entonces han trascurrido 68 días con sus respectivas noches…y la vendimia 2015 está ya en ciernes.  Salvo contratiempo, comenzaremos con la selección y cosecha este mismo fin de semana.  A mano, por supuesto. Y, además, estrenando nuevas instalaciones

Este año la vendimia se ha adelantado.  Las temperaturas anormalmente altas que vivimos durante mes de mayo aceleraron el proceso de crecimiento de las vides provocando que, finalmente, comencemos la vendimia con 15 días de antelación.

Por estos lares el mes de julio también fue caluroso, pero no tanto como en otros lugares de España.  En cuanto a agosto, ha sido muy inestable y complicado con temperaturas suaves durante las tres primeras semanas y elevadas durante la última, en la que, además, se produjeron fuertes tormentas de lluvia, viento y pedrisco.  Por fortuna, nos libramos del pedrisco, aunque anduvo cerca.

Foto Justo Rodríguez (Diario La Rioja)

Foto Justo Rodríguez (Diario La Rioja)

Actualmente tenemos depositada nuestra esperanza en lo que queda de septiembre, un mes que suele ser determinante para la calidad de la cosecha.  Se pronostican temperaturas máximas diurnas de unos 20 – 22 ºC y mínimas de 6 – 8 ºC acompañadas de sol y ligero viento del Norte – Noroeste.  Aquello del ‘cierzo’ que decimos en el Valle del Ebro.

Si ésto se cumple, el remate final de la maduración de nuestras uvas será óptimo porque tendrá lugar con temperaturas medias diarias inferiores o próximas a los 15 ºC, condiciones que se dan en las denominadas en los tratados de viticultura como zonas “Alpha”.   La acumulación de azúcar se detendrá (ya tenemos suficiente) y podrá aumentar el contenido y la calidad de los añorados polifenoles.

Espero y deseo que así sea.

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El encanto del envero

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3/08/2015

El pasado día 13 de Julio vi los primeros granos de uva enverando en nuestro Tempranillo de Montecillo.  Se trata de una zona muy concreta de la parcela donde el suelo cascajoso, cálido por naturaleza, induce precocidad en el desarrollo de la uva.   Este año se ha adelantado 8 días en relación al año 2.014.  Las altas temperaturas del período Mayo – Julio y un buen contenido de humedad en el suelo son los responsables de esta anticipación.

Inicio envero MayoritaPasados 18 días desde entonces he visto “envero”, con mayor o menor intensidad, en todas las zonas en las que se sitúan nuestros viñedos, desde Tudelilla a Anguix y en las variedades Tempranillo, Garnacha e, incluso, Graciano.  La más remolona en este sentido es el Mazuelo de Torre de Oña que todavía se resiste y permanece totalmente verde.

Debo de reconocer que, desde pequeño, siempre me ha hecho muchísima ilusión encontrar las primeras bayas enveradas en las viñas.  Es como jugar al escondite.  Vas un día por la mañana a la viña y todo está verde.  Acudes por la tarde y, de repente, te encuentras granos coloreados.  Es el preludio de la maduración y, para los que andamos todo el día entre viñas, nos transmite una cierta tranquilidad ya, que a partir del envero, ni el mildiu ni el oidio atacarán a la uva.

Los 8 días de adelanto a los que me refería en el primer párrafo parecen presagiar que la vendimia también será temprana.  Probablemente la iniciemos en el mes de Septiembre, pero bueno, todavía queda mucho.

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