LOS VINOS QUE VIENEN

De vuelta

Publicado en:
CATA, LA VOZ DEL VINO, LOS VINOS QUE VIENEN, MARIDAJE DE EXPERIENCIAS
10/04/2012

 “Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena” (Paulo Coelho)

Se acabó. Con pena, pero se acabó. Esta última semana hemos concluido, lo que nosotros en nuestra bodega habíamos denominado nuestro particular ‘Viña Ardanza World Tour’. Una bonita experiencia que nos ha llevado por infinidad de lugares para presentar un vino que ha supuesto un punto de inflexión de una gran marca. Viña Ardanza 2001 Reserva Especial: Londres, Nueva York, San Francisco, Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia, Mexico DF, San Juan, etc, etc…Y como todo en la vida tiene un final… y este bonito final lo hemos escrito en Brasil.

Julio con Ricardo Castilho, una interesante charla sobre vino

Durante una semana con sus 8 días y 9 noches (por aquello del avión), nos hemos dedicado a enseñar este vino en Saö Paulo, Rio, Curitiba y Florianopolis. Valorar lo vivido con un simple “ha estado muy bien” creo que seria muy tacaño por mi parte. Creo que el viajar te permite descubrir nuevas cosas y adelgazar de ese ombliguismo permanente al que estamos suscritos. Pensar que somos los ‘reyes del mambo’ es peligroso y, el ver cosas nuevas, te permite descubrir eso: cosas nuevas.

Este último viaje ha tenido sus cosas buenas, y sus cosas menos buenas. Pero siempre ha pensado que, en la vida, es mejor quedarse con lo positivo, y pasar por encima de las menos buenas. Y buenas las ha habido:

La primera de todas: volver a encontrarme con mi buen amigo Ricardo Castilho, periodista y editor de la Revista Prazeres da Mesa, quizás una de las mejores revistas gastronómicas de America del Sur. Quizás unos de los mejores periodistas gastronómicos. Ricardo consigue que me olvide de mi profesión y pueda disfrutar de dos grandes placeres: de la conversación con un amigo y del vino.

Otra de las cosas con las que me quedo es con el exquisito cuidado que tienen con el vino (en toda América Latina en general). La pulcritud con la que conservan el vino, la elegancia de las copas, exentas de cualquier olor desagradable, la temperatura del vino a la hora de servir, el ambiente de los locales, etc… Todo es digno de copiar. Me sorprenden estos países latinos lo respetuosos que son con toda esta liturgia del vino y que, para otros -incluidos los que venimos de países productores- no dejan de ser mera parafernalia: ¡Toca aprender!

Brasil tiene grandes cosas. Creo que es uno de los países, junto con Perú, con más futuro en el mundo del vino. Siempre digo que este país tiene un gran parecido con nuestra España de los 90. Al igual que nos sucedió a nosotros, los brasileños van a disfrutar de dos grandes eventos que lo van a colocar en los ojos del mundo: El Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Si a esto le unimos el descubrimiento de una gastronomía impulsada con cocineros como Alex Atala, de gran poder mediático y ya reconocido prestigio, la situación empieza a parecerse más. Y el vino, queramos o no, siempre va unido a hechos relevantes. Una gran gastronomía siempre va acompañada de grandes vinos. Nadie la entiende de otra manera. Y por supuesto qué mejor forma de celebrar éxitos deportivos que con una buena botella de vino. Por cierto…¡Aún no me he repuesto del palo que le dimos a mi bodeguita con el Mundial de Sudáfrica!

El brasileño está empezando a descubrir los grandes vinos. Empezó con los Burdeos y ahora se está decantando por los españoles. El motivo es simple: el sistema impositivo brasileño es demencial. Los impuestos se van acumulando al consumo y, por eso,  no es de extrañar que la misma botella de vino cueste casi 10 veces más en Saö Paulo que en Logroño. Y claro, la relación calidad precio de los vinos riojanos es, hoy en día, insuperable.

El brasileño, que no es tonto,  está aprendiendo a descubrir los buenos Reservas y Grandes Reservas de Rioja, que le aportan, a un menor precio, la elegancia y el placer que antes sólo encontraban en los hiperponderados franceses. Además, lo español, está de moda. Ahora sólo falta que la ‘amiga’ Dilma, entienda lo que está pasando en su país. No se pueden estar poniendo trabas a todo, cargando de impuestos a todo lo que viene de fuera, sólo por el hecho de ser de fuera. Tienen una oportunidad única y el vino tiene su gran posibilidad en este país. No la dejen pasar….

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El viejo tren

Publicado en:
BARRICAS,BOTELLAS,CORCHOS, CATA, LA VOZ DEL VINO, LOS VINOS QUE VIENEN
4/10/2011

Permítenos contarte una pequeña historia.

Hace ya unos cuantos años, en la segunda mitad del s.XIX, la viticultura de la Rioja vivió disfrutó una profunda revolución merced a los comerciantes de vino franceses que llegaron a esta zona debido a la invasión de los viñedos europeos por la plaga de la filoxera. En aquel entonces, el vino se comercializaba de manera muy distinta a como lo hacemos hoy.

Aquellos comerciantes o “COMISIONADOS” (así se denominaba a los delegados de las empresas compradoras) viajaban a Rioja en el mes de febrero para iniciar su labor de catar los vinos -todavía inmaduros- de las distintas bodegas. La llegada de estos personajes era motivo de una auténtica fiesta popular. El pueblo recibía con música y gran algarabía aquellos trenes llenos de ‘dinero’.

Es significativa la anécdota que, todavía hoy en Haro, continúan llamándose “Parúse” a los populares confeti. Y esto es debido a los gritos de ¡¡¡Pas rouge!!! ¡¡¡Pas rouge!!! (Rojos no) que, aterrados, daban los comisionados franceses ante la oleada de confetis rojos que, al desteñirse, manchaban sus inmaculadas camisas.

Durante varios días, aquellos expertos probaban los vinos y, tras una cuidadosa y profesional selección, “reservaban” – de aquí el origen de la palabra RESERVA- una o varias partidas de barricas que quedaban en bodega hasta que se completaba su crianza. Más adelante, el comprador va poco a poco depositando su confianza en determinadas firmas y dejando a criterio de sus bodegueros la selección de sus vinos.

Esta historia, la de aquel ‘viejo tren’ inspiró la filosofía que en el año 1976 puso en marcha nuestra bodega madre ‘La Rioja Alta,S.A.’ con el pionero nacimiento del Club de Cosecheros y con la elaboración de un vino exclusivo que emana compromiso, responsabilidad, dedicación y amistad. Unos valores que también se han trasladado al Club de Cosecheros de nuestra bodega Torre de Oña, fundado en el año 1997.

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